Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)
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Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.
La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.
Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala.
Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.
Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.
Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:
Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.
Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.
≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.
Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.
Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.
Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:
—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.
Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.
Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.
Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.
Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.
Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.
—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.
—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.
Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.
Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.
El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.
Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.
Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.
La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.
La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.
En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció:
—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.
—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.
—¿Acaso lo conocía?
—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.
Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.
Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:
—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.
De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.
Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.
Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.
SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónLiteratura
¿Cuál es tu contenido?
En una ocasión una mujer llevaba consigo dos tazas llenas, una contenía café, la otra té, entregándole a su amiga su pedido. La amiga agradece y dice: ¡has manchado tu vestido con café! Respondiéndole explica con cierta molestia: la persona de limpieza es el responsable, chocó conmigo de manera abrupta, ocasionando que el café se derramara en mi vestido. La amiga dice: derramaste café porque era el contenido de la taza, pudo haber sido té. Esta historia sirve como analogía, así es cuando la vida nos sacude y atravesamos circunstancias difíciles que sacan lo que hay dentro de nosotros, nuestro contenido salpicará a todos, puede ser amor, gozo, fe, templanza, humildad, paciencia, generosidad, bondad o, por el contrario, amargura, malos pensamientos, maldiciones, palabras duras e hirientes, odio; así que toca examinarse: ¿qué hay en mi taza?, ¿qué es lo que constantemente derramo y salpico hacia los demás?
La Biblia dice: “La gente buena siempre hace el bien, porque el bien habita su corazón. La gente mala siempre hace el mal, porque en su corazón está el mal. Las palabras que salen de tu boca muestran lo que hay en tu corazón”, lo que significa que las palabras que emitimos tienen veracidad, revelando inclinaciones y afectos; son consecuentes. Si alguien constantemente está hablando críticas o chismes, su interior es malo. En la cultura actual es muy común a través de redes sociales o plataformas que permiten hacerlo.
El llamado a la reflexión es indagar qué hay en nuestro corazón, cuál es nuestro contenido. Nuestras palabras son la mejor evidencia de nuestra condición interna; la invitación es que trabajemos y nos aseguremos de llenar nuestro corazón de cosas buenas para que esto se refleje en nuestro accionar.
Siempre tener presente: en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
El manejo emocional durante las horas de alta carga vehicular
Emociones como el enojo y la impaciencia reducen la atención, afectan la toma de decisiones y aumentan la probabilidad de provocar un accidente.
El tráfico vehicular es uno de los escenarios cotidianos que tenemos que enfrentar, sobre todo ahora que aumenta debido al inicio de clases, y esta situación es donde se pone a prueba el manejo de las emociones. Todos los factores que se implican durante este espacio y tiempo pueden generar tensión. Para nosotros, los psicólogos, es importante el factor de manejo emocional para contribuir a la seguridad vial de todos.
La falta de regulación de las emociones puede traer como consecuencia reacciones impulsivas; estas no derivan únicamente del momento, sino que implican la acumulación de estrés, frustración, cansancio, problemas personales, ansiedad, entre otros, que en conjunto convierten el tiempo de tránsito vehicular en un espacio donde la falta de inteligencia emocional sea un factor para la liberación de emociones.
Además, emociones como el enojo y la impaciencia reducen la atención, afectan la toma de decisiones y aumentan la probabilidad de provocar un accidente. Los conductores que tienen el sistema emocional alterado tienden a tener reacciones agresivas, sobreestiman sus habilidades y, por lo tanto, no toman medidas sobre los riesgos.
Es importante que, ante esta temporada de aumento de tránsito vehicular, se tome en consideración una reflexión sobre cómo nos sentimos; irritabilidad, tensión y estar constantemente apresurados son algunos signos que demuestran la alteración del estado emocional. Ante esto, es importante realizar ejercicios de respiración, escuchar música que no altere y/o sea estimulante, aceptar que no todo está bajo su control y practicar la paciencia. También hay que recordar que dentro de cada vehículo va una persona que tiene su propia historia y sus propias situaciones de estrés, por lo que debemos ser empáticos.
Ser conductores emocionalmente conscientes también implica una cultura vial basada en el respeto, ya que el tránsito vehicular se ha convertido en un espacio donde se refleja el estado emocional negativo y esto se convierte en un problema colectivo.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
Ese estado de ecuanimidad, en donde todo empieza a ocurrir
La función de mi amor comienza a sanar, lo sé, porque hice un poco hoy, más que ayer. No fue mucho, pero fui yo en una pequeña sinfonía con lo que me habita.
Hay un momento en que usted no avanza ni muy lento ni muy rápido, sino que avanza de forma constante y suave. Es en ese momento en el que el viento sopla a su favor.
Sus pasos no son de estrés ni de falta de ánimo, sino que son pasos firmes, en secuencia, primero uno y luego el otro pie. Entonces va en un estado de relajación que es justo para permitirle avanzar íntegramente sin detenerse. Este estado, queridos lectores, es el de la ecuanimidad.
De seguro está familiarizado con el concepto racional cognitivo conductual, qué en realidad es existencial, de que no nos afectan los eventos en sí, sino la interpretación que le damos a estos; en otros términos, todo depende del cristal con el que mire.
Decía Jorge Luis Borges, un ejemplo claro: "Un escritor, y creo que cualquier persona, debe pensar que todo lo que le sucede es un instrumento. Todas las cosas nos han sido dadas con un fin, y el artista debe sentir esto con mayor intensidad. Todo lo que nos ocurre, incluso las humillaciones, las desdichas y los ridículos, nos es dado como materia prima, como arcilla, para que podamos dar forma a nuestro arte".
Llegando a este punto, que es aceptar la realidad como ocurra, es transformador, porque llegamos a la conclusión de que la realidad tiene múltiples formas de aparecer, pero nosotros siempre podemos moldearla a nuestra conveniencia y a conveniencia de los demás.
La intención debe ser clara: no ir despacio ni lento en nuestras decisiones, sino hermanarnos con la constancia, porque es ahí donde le damos conciencia a la existencia.
Pienso en esta cita: La función de mi amor comienza a sanar, lo sé, porque hice un poco hoy, más que ayer. No fue mucho, pero fui yo en una pequeña sinfonía con lo que me habita.
Me sumerjo en el presente, es como un baño relajante con agua caliente. Ahí no hay nada que hacer más que disfrutar la paz.
Ese el momento de presenciar cosas que muchos hombres solo podrán llegar a imaginar. Mi corazón no avanza lento ni rápido, sino sereno, y es ahí donde todo comienza a ocurrir.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónReflexión
Bienvenido 2026: Lo que hagamos en él será parte de nuestra historia
Feliz inicio de año 2026 para todos los Quetzaltecos de buena voluntad.
AYER: Fuimos el Sexto Estado de la confederación centroamericana, el de mayor potencial económico de la región.
HOY: Somos una de las ciudades emergentes más importantes de Latinoamérica, con un crecimiento exponencial.
MAÑANA: Si nos ponemos a trabajar de forma adecuada, conjugando pasado, presente y futuro, de una manera armónica, seremos la mejor ciudad centroamericana.
Contamos con todos los elementos suficientes, pero así, también debemos superar grandes retos.
EDUCAR en casa a nuestros hijos, fundamentados con valores y principios correctos, obteniendo con ello generaciones que podrán continuar con nuestro legado. Tal y como nuestros padres lo hicieron con nosotros, heredándonos una ciudad romántica, de a pie, con gran movilidad, eminentemente segura, con una gran calidad de vida. Lo cual nos obliga a entregar a nuestros hijos una ciudad aún mejor.
CREAR el ambiente seguro y plagado de oportunidades, para poder frenar esa pérdida de talento y potencial, que año con año migra hacia otros lares.
FOMENTAR las condiciones físicas y certeza, para seguir siendo atractivos para la llegada de capital.
APROVECHAR, capitalizando este momento idóneo económico que atraviesa el país, con un informe esperanzador por parte del Banco de Guatemala, que nos pronostica un crecimiento del 4.1 % sumamente histórico, para este 2026.
Si superamos estos grandes retos, Quetzaltenango tendrá un futuro brillante, como la primera ciudad luz centroamericana, que alguna vez lo fue.
Empecemos este 2026 a escribir esa historia que nos hará más orgullosos de pertenecer a este bello rincón del mundo, lo cual es un privilegio para todos nosotros.
Feliz inicio de año 2026 para todos los Quetzaltecos de buena voluntad.
Erick Tijerino
Empresario de la industria de la construcción de megaproyectos a nivel nacional. Ingeniero civil (USAC). MSc. en Diseño Estructural (Universidad Politécnica de Cataluña, España). MSc. en planificación y gestión de movilidad urbana. (KINEDRIK, España). Conferencista a nivel universitario.
Inicio de elecciones de segundo grado
El año 2026 es un año que debe interesar a toda la ciudadanía, eso lo deben tener muy claro los que buscan o procuran un país más inclusivo, justo, solidario y democrático y libre de tanta corrupción; se deben celebrar sí o sí, elecciones de segundo grado, es decir, personas con un perfil ético, de principios y valores que administrarán a instituciones claves que garanticen plena autonomía, transparencia, seguridad para que se consolide la débil democracia en nuestro país y que beneficie principalmente a la población de a pie, estas instituciones son el TSE, MP, CC, CGC y Universidad de San Carlos de Guatemala. Para elegir a las personas que dirigirán a estas instituciones, debe ser por medio de Comisiones de Postulación, a excepción de la USAC. La postuladora ya está integrada para elegir a magistrados del Tribunal Supremo Electoral y, de acuerdo a analistas y a la percepción de la ciudadanía, el CANG será representado en esta comisión por gente que no tiene vínculos con el pacto de corruptos, situación muy notoria y obvia, manifestada casi abierta, por los candidatos de la planilla 5.
No lo digo yo, ahí están las entrevistas, materiales audiovisuales, convocatorias de la misma gente de la planilla 5, donde se notó claramente la subordinación de esta planilla —5— hacia actores nefastos que han procurado corrupción e impunidad en detrimento de la democracia y, por ello, hoy por hoy, el sistema de justicia está en trapos de cucaracha; es más, no es pilar fundamental de nuestra democracia. Las canastas navideñas, cenas, licor, diplomas de adjudicación de posgrados, maestrías, incluso doctorados, fueron las dádivas dadas con el objetivo de que ganase esta planilla. Con el triunfo de la planilla 4 —Lic. Goyo Saavedra y Edgar Ortiz— no estoy diciendo que ya tenemos una comisión postuladora decente, no; recordemos que quien dirigirá esta comisión es otra persona que ha mancillado la autonomía universitaria y está en la lista Engel de los EEUU, es decir, no es confiable desde ningún punto de vista. Pero es allí donde la ciudadanía debe jugar su papel, fiscalizando y haciendo uso de la auditoría social en cada acto de la comisión postuladora. ¡No hay que bajar la guardia!
Mientras la ciudadanía aún celebraba el triunfo de la planilla 4, un día después, el ataque del sistema corrupto se volvía a sentir: el mp de la señora Porras, con la ayuda de la PNC, captura a otra autoridad indígena —Basilio Bernardo García, exvicepresidente de la Junta Directiva de los 48 Cantones— que en el año 2023 defendió la democracia y voluntad del pueblo expresada en las urnas. ¿Hasta cuándo dejará de hacer berrinche delincuencial el pacto de corruptos? Deben aceptar que la democracia comunitaria es la más pura que existe en estos territorios y que, en base a ello, se realizó la resistencia de 106 días —2 de octubre de 2023 hasta 15 de enero de 2024, inclusive—, por mandato asambleario de las comunidades. Es más, Luis Pacheco y Héctor Chaclán —presidente y tesorero de la misma junta directiva de los 48 Cantones, 2023— llevan más de 290 días en prisión preventiva, y no hay manera de que el mp de la señora Porras inicie el proceso, pregunto: ¿cuánto tiempo más, para buscar, analizar y presentar las pruebas de terrorismo, obstrucción a la acción penal, asociación ilícita? Es más, el tiempo que señala la ley para realizar las investigaciones, desde hace meses, se venció. Otra pregunta: ¿Es este el castigo que deben sufrir los pueblos indígenas por atreverse a alzar la voz contra el sistema corrupto?
Los pueblos originarios, indígenas y ancestrales siempre han defendido su democracia comunitaria y sus territorios; protestar, defender los derechos humanos fundamentales, no es delito; comprar voluntades, coaccionar a profesionales para votar por una planilla que representa intereses oscuros y corruptos, sí es delito.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
En relación al salario mínimo
Aunque el salario mínimo de Guatemala fuese el más alto de la región, esto no significa que la calidad de vida de los guatemaltecos sea mejor.
A finales del año recién terminado, el gobierno de Guatemala fijó un aumento al salario mínimo para tomar vigencia en 2026, lo cual varios sectores no vieron como algo positivo, propiciando opiniones encontradas.
Este incremento pretende mejorar el poder adquisitivo de las familias guatemaltecas y disminuir, en alguna medida, los efectos del aumento generalizado del alto costo de vida.
En la diversidad de opiniones, algunos de los sectores que no están a favor aducen que en Guatemala se tiene uno de los salarios mínimos más altos de la región, lo cual, en números fríos, es cierto. Sin embargo, cuando vamos al poder adquisitivo de este salario mínimo, se puede establecer que el costo de vida es más alto en este país debido a factores que no dependen solo del aumento o disminución del ingreso familiar.
Aunque el salario mínimo de Guatemala fuese el más alto de la región, esto no significa que la calidad de vida de los guatemaltecos sea mejor que la de los ciudadanos de los países vecinos, esto porque el costo de vida es más alto aquí que en otros países. Dentro de los factores que aumentan el costo de vida se puede mencionar que en Guatemala el precio de las medicinas es más alto; es decir, que un medicamento de la misma marca y calidad es hasta cuatro veces más caro aquí que en los países vecinos.
No todas las familias tienen acceso a servicios de salud pública; en la mayoría de los casos deben pagar médico privado, seguridad y transporte, entre otros, lo cual hace que el salario sea insuficiente para mantener en condiciones aceptables a una familia de cuatro integrantes. Además, las grandes empresas trasladan el costo del aumento a los productos y servicios, haciendo que el costo de adquisición sea más alto, afectando a quienes no recibieron aumento.
Vilma del Rosario Xicará
Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.
OpiniónSalario Míninmo
El eco digital define ahora el éxito de las empresa
El eco digital se construye. No se controla, se gestiona.
Durante años se creyó que el éxito empresarial solo dependía de tener un buen producto, una ubicación estratégica y una campaña publicitaria atractiva. Hoy, eso ya no basta. En la era digital hay un factor silencioso, muchas veces subestimado, que pesa más: el eco digital.
No se trata del mensaje que la empresa emite, sino del que provoca. El eco digital es lo que dicen los clientes cuando la marca no está presente; es el comentario en redes sociales, la reseña, el video grabado con un celular, el audio reenviado por WhatsApp o la recomendación, o advertencia, que circula sin control corporativo. Ahí, en ese eco espontáneo, se está definiendo el verdadero prestigio de una empresa. El foco de ahora está en lo digital y lo que ahí circula. El medio de comunicación relevante de ahora es el digital.
Hoy los consumidores confían más en otros consumidores que en los discursos de marca. Una mala experiencia mal gestionada puede expandirse más rápido que la mejor campaña creativa. Por eso, el éxito ya no se mide solo en ventas o alcance, sino en credibilidad digital. Una pregunta frecuente que escucho es: ¿qué ofrece La Voz de Xela? Este medio no vende posts, sino que ofrece tres cosas: presencia, alcance y confianza.
Las empresas que entienden este nuevo entorno han cambiado su lógica: ya no se preguntan únicamente “¿qué vamos a decir?”, sino “¿qué están diciendo de nosotros?”. Invierten en servicio al cliente, coherencia interna, transparencia y capacidad de respuesta, porque saben que cada interacción deja huella.
Hoy, liderar una empresa implica escuchar, corregir y actuar con visión de largo plazo. Porque en el mundo digital, las marcas no valen por lo que prometen, sino por lo que cumplen. Y ese eco, tarde o temprano, siempre regresa. La vida ahora es digital.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
Planificar con Dios: cómo alinear metas profesionales con Su voluntad
Planificar con Dios no elimina la responsabilidad humana, sino que la fortalece.
Planificar es una práctica necesaria para empresarios y profesionales, pero la Biblia enseña que la planificación debe hacerse reconociendo a Dios como Señor del tiempo y del futuro. Iniciar el año sin incluir a Dios en los planes es confiar solo en la fuerza humana, lo cual siempre es limitado.
Proverbios 16:3 nos aconseja: “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. Esto significa presentar a Dios nuestras metas, proyectos y expectativas, permitiendo que Él las afirme o las ajuste según Su voluntad.
Muchos planes fracasan no por falta de esfuerzo, sino porque fueron concebidos sin dirección espiritual. Cuando Dios participa en la planificación, Él abre puertas correctas y también cierra aquellas que podrían dañarnos, aunque al principio no lo entendamos.
Santiago 4:13–15 recuerda que no debemos presumir del mañana, sino decir: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”. Este principio invita al empresario a vivir con humildad y dependencia de Dios, reconociendo que todo está bajo Su soberanía.
Planificar con Dios no elimina la responsabilidad humana, sino que la fortalece. Se trata de trabajar con excelencia, pero con un corazón dispuesto a obedecer si Dios cambia el rumbo.
Cuando las metas están alineadas con la voluntad de Dios, el año comienza con paz, claridad y propósito. El éxito deja de ser una carga y se transforma en una oportunidad para glorificar a Dios a través del trabajo.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónMetas 2026
5 claves para reinventar tu imagen
No se trata de cambiar quién eres, hacer un giro de 180 grados o intentar una imagen que no podrá ser sostenible con el paso de los días. Antes de decir una sola palabra, tu imagen y tu postura ya han dado el primer mensaje, puedes inspirarte a través de las metas que has trazado para este nuevo año; quizá una parte de ti está evolucionando a través de emociones, aprendizajes y nuevas ideas. La imagen debe ser congruente; lo que dices, lo que piensas, lo que haces y cómo te ves debe estar en sintonía. Te comparto 5 claves que pueden ser de ayuda:
1. Utiliza color en tus looks: es una herramienta que te permite comunicar con intención, realza tus rasgos, transmite emociones y te ayuda a moverte de tu zona de confort. Los colores vibrantes transmiten alegría y dinamismo, los neutros comunican profesionalismo, los tonos pastel proyectan gentileza. Agrega en una prenda, accesorio o maquillaje.
2. Elige un perfume que te distinga: es un accesorio que no se ve, pero te vuelve memorable; es esencial en tu imagen, reforzando tu identidad y personalidad. Las notas florales dan cercanía, las cítricas para frescura y optimismo, las amaderadas proyectan profesionalismo y elegancia, las orientales son muy características y duraderas, dando un toque de sofisticación.
3. Educación y cortesía: la amabilidad, el respeto y las buenas costumbres no pasan de moda y hablan mucho de tu esencia; saludar, escuchar con atención, expresarte adecuadamente genera una impresión duradera y positiva.
4. Sé consciente de tu postura: mantener la espalda recta, hombros alineados y vista al frente habla de tu autoestima, seguridad en ti mismo y dice mucho, antes de que puedas pronunciar palabra. La buena postura no solo mejora el cómo te ven los demás, sino cómo te sientes contigo mismo.
5. Mantén contacto visual y sonríe: una sonrisa genuina genera conexión inmediata y puedes cambiar tu día y darle ánimo a tu entorno; una mirada empática y con atención demuestra presencia.
Observa tu entorno; pequeños cambios pueden hacer grandes transformaciones. Reinventarte es elegir avanzar con intención hacia tu mejor versión. Recuerda que en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen


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