Israel Macario Coyoy: “Han pasado 5 años y no se ha tenido la voluntad política para actualizar el Plan Maestro de Aguas. Hoy Xela no tiene uno”.
Israel Macario Coyoy es el candidato a alcalde de Quetzaltenango del partido Bienestar Nacional (Bien). Recién se jubiló de la Empresa Municipal Aguas de Xelajú donde ocupó puestos gerenciales y se autodenomina cofundador. Habla que el tema del agua es importante, y le preocupa que hoy no ha habido voluntad política para actualizar el Plan Maestro de Aguas que surgió entre 1998-2018. Participa en entrevista con César Pérez Méndez, director general de La Voz de Xela.
¿Qué percepción o qué pensamiento tiene Israel Macario cuando ve esa lista extensa que ya aparece lista de útiles escolares?
Es parte del mismo ejercicio político democrático de nuestro país, que así lo permite. Creo que el involucrarse en una forma participativa, y a través de vehículos políticos, es bueno, es sano. Lo que sí es importante también dentro de esta variedad que usted decía es escoger de estos útiles escolares, los que realmente sean funcionales y los que realmente sean útiles para la población.
No había participado en política, pero si funcionario municipal ¿Quién es Israel Macario?
Mi nombres es Israel Macario, nacido aquí en Quezaltenango, de padres quetzaltecos, Adolfo Macario, de profesión carpintero y Valeriana Coyoy de Macario, una empresaria costurera, comerciante. Ellos procrearon 8 hijos de los cuales soy el quinto. Tuve la oportunidad de recibir estudios de parte de ellos y educación. Me gradué a nivel universitario como contador público y auditor y cursé la maestría en consultoría tributaria y a través de eso pude tener oportunidades de emplearme en diferentes instituciones.
¿En qué año nació Israel?
Yo nací en el año de 1964.
¿Es importante ser quetzalteco de origen para buscar la alcaldía de Quetzaltenango?
No precisamente, porque si lo vemos desde el punto de vista legal, se tiene establecido cuáles son sus requisitos. Pero ya desde el punto de vista social y moral podríamos hablar, incluso, haber llegado a Quezaltenango, también es válido. Pero hay un aspecto muy importante, es ese sentir, esa identidad que da el verdaderamente haber nacido en esta tierra.
¿En donde nació aquí en Quetzaltenango?
Nací aquí en la 23 avenida A, zona 1, en el barrio El Calvario. Tuve la oportunidad de conocer el barrio de El Calvario desde sus inicios cuando eran esas calles amplias de tierra, cuando se jugaba fútbol y todavía podía darse ese lujo de decir como a los 10 o 15 minutos, paren la bola porque viene un carro o ya no se puede, pues yo soy de ese barrio, nacido allí. Le decía a su pregunta de por qué si es necesario, indispensable, creo que no, pero viene a mi mente, lo que dijera una canción de que todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar.
¿Eso es Xela?
Eso es Xela, cuando uno es quetzalteco ama entrañablemente a Xela.
¿Estaría de acuerdo que hay que presentar a la persona para un ejercicio público en temas de experiencia? Usted estuvo mucho tiempo vinculado a la Emax
Mis inicios fueron trabajando para la cooperación internacional de Austria, ingresando a ese campo en 1997. Fui administrador del proyecto Xelagua Urbana. El que tenía cuatro componentes principales. El Plan Maestro, generar un programa de sensibilización y tener un ente administrativo del recurso agua que en esos momentos era verdaderamente caótico y crítico. Lamentablemente muchos quetzaltecos han perdido la memoria de esa situación y hoy estamos a otro nivel. Posteriormente, al haber concluido el trabajo con la cooperación de Austria, se finiquitó. Tengo la satisfacción de haber recibido el finiquito del gobierno de Austria al haber manejado Q25 millones.
¿En que los invirtieron?
En los cuatro componentes que teníamos. Se rehabilitó todo lo que era el sistema del servicio de agua, que en Quetzaltenango era un caos realmente. El sistema ya había caducado. La inversión de esos 25 millones quetzales, en primer lugar, fue rehabilitar el sistema de agua, en segundo crear el ente administrativo y en tercero, generar el Plan Maestro de Agua con 20 años de horizonte de 1998 al 2018 y el otro era tener un programa de sensibilización para la ciudad de Quetzaltenango.
¿Cuándo se fundó la Emax?
Fue el 7 de diciembre del 2001. Ese día se inauguró la empresa municipal Aguas de Xelajú.
¿Con cuántos alcaldes trabajó?
Me jubilé en marzo pasado. Trabajé con cuatro alcaldes y siete concejos. Conocí el trabajo de Rigoberto Quemé, Jorge Barrientos, Luis Grijalva y un año y meses con Juan Fernando López.
¿Quién ha sido el mejor en aspectos administrativos?
No creo que alguien haya sido el mejor, ni el peor. Cada uno tuvo sus cuestiones atinadas y sus errores.
¿Cuál es la atención de concejo a los trabajadores?
Nosotros hacíamos propuestas de trabajo para resolver problemas, llegaba uno al concejo, y lo menos que pedíamos era atención. Pero muchos de los concejales estaban ocupados en otras cosas, hablando por teléfono, y cuando se acaba la presentación solo decían, ok, y ya. Eso frustraba.
¿Por qué quiere ser alcalde?
Como funcionario encontré ese tope y faltaba la decisión política.
¿Por qué es necesario hacer relevos?
Porque siempre hay que hacerlo. Porque hay que cerrar ciclos.
¿Qué tiene usted para ser alcalde?
He sido siempre gestor, es una cualidad que debe tener el alcalde. Debe ir a buscar las cosas en nombre del pueblo, no personal. Se debe lograr que Quetzaltenango tenga desarrollo.
¿Cuál es el estado actual del agua en el municipio?
Desde 1997 al 2018-2020 fue mejorando. Pero hoy un punto importante Quetzaltenango no tiene Plan Maestro de Aguas, porque el que se diseño con Austria ya quedó desactualizado.
¿Qué pasó?
La parte política. No hay voluntad. Han pasado cinco años y no se ha tenido la voluntad política para actualizar el Plan Maestro de Aguas, no hay uno vigente. Se hacen trabajos, pero no hay una guía de trabajo. Quetzaltenango no ha tenido en lo últimos años esa herramienta ni este y otros servicios. Es urgente retomar el Plan Maestro de Aguas y empezar a ejecutar. No es una varita mágica para resolver los problemas, pero se debe trabajar paso a paso.
¿Cuál es problema actual de la tubería?
Lo importante es saber cómo está la situación. De acuerdo con el Plan Maestro de Aguas la topografía de Xela es variada. Se estableció zonas de presión por altura, y fue ahí que se tuvo el apoyo de Japón. 128 millones de quetzales para la zona media, zona 3, zona 7 y zona 8, parte alta.
¿En dónde estudió?
La primaria en la Escuela Manuel C. Figueroa, la secundaria en el instituto experimental Werner Ovalle López, me gradué en la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales sección diurna, y la universidad en el Centro Universitario de Occidente como contador público y auditor.
¿Cómo está integrada su familia?
Soy casado desde hace 35 años con Marta Lidia García Reyes, con quien procreamos tres hijos. Dos varones y una mujer. Ya soy abuelo, tengo una nieta.
¿Quiénes lo apoyan para participar?
Mi familia, al tomar esta decisión fue difícil.
¿Con qué partido participa?
Con Bienestar Nacional. Con mucha gente nueva en la política.
¿Quién es el candidato presidencial?
Geovanny Reyes, un doctor en economía, graduado en Estados Unidos, que no ha participado en política, nunca.
¿Qué les gritaba la gente en el mercado La Democracia?
Fue una experiencia interesante, porque gritaban de todo. Es una válvula, cada uno grita lo que quiere, pero se debe entender a las personas. Tomando este reto es entender a las personas. Lo más importante es el humano.
¿De qué vive actualmente?
Soy parte de las clases pasivas, son consultor.
¿Económicamente está solvente?
Sí, a mi edad, a mi estilo de vida, sí.
¿Cómo financia su campaña?
Somos un partido pequeño, nuevo, campaña austera, pero hablamos con las personas.
¿Cuál es el costo?
Es cambiante, y variable, que es difícil dar una cifra. La publicidad la hacemos nosotros, la colocamos nosotros, y lo hacemos con gusto. Vivimos con alegría esta fiesta cívica.
¿Cuál es el credo del candidato?
Soy cristiano evangélico, miembro de la iglesia Lluvias de Bendición.
¿Cuándo fue la última vez a la iglesia?
El domingo, y todos los domingos. Siempre estoy presente.
¿Cuál es la personalidad de Israel Macario?
Empático, con convicción, determinado, romántico.
¿El mayor éxito personal de Israel Macario?
Tener muchas oportunidades de vida, haberme graduado y pisar un aula universitaria, y realizar una carrera exitosa en la municipalidad. Cerrar ciclos, perpetuarse no es sano, y siempre estar pensando en proyectos nuevos.
Algún fracaso ¿Cómo lo superó?
Varias cosas que he superado. En la niñez fui tímido. Me costaba desarrollarme. Un maestro a reglazos me dijo que tenía que hacer una declamación, a reglazos, o lo haces, o lo haces, y eso me hizo reflexionar, y lo hice. Terminé siendo el representante de declamación en Quetzaltenango. En mi juventud me fueron detectados ataques epilépticos, me traté, era complicado, y sobresalí.
¿Quiénes conforman su planilla?
La planilla la integran Carlos Méndez, Nadia Camas, Sonia Hernández, René Cuc, Alfonso Rodas, Pablo Racancoj, Mynor Hernández, Zuleima de León, Hugo Pretzetzin, Denis Pivaral, Jenifer Pérez, Gabriela Ovalle, Aníbal Cottom y Ana Lucía López.
¿Los contendientes más fuertes?
Los oficialistas, los que tienen más recursos para hacer campaña. Ellos son los contendientes.
Mensaje final
Quiero ser alcalde de Xela, porque tengo la convicción de que haber recibido tanto de Quetzaltenango me compromete a devolverle algo. Necesito su voto para lograr hacer esos cambios, trabajaré por la ciudad.
Mira la entrevista:
Para leer: La entrevista completa de Steycy Ovalle en La Voz de Xela
Lee en este artículo la entrevista completa con Steycy Ovalle y su testimonio sobre el hecho que acabó con la vida de su hijo André Ovalle.
La entrevista puede ser vista en las redes sociales de La Voz de Xela.
César Pérez Méndez:
¿Qué tal amigos? ¿Cómo están? Gracias por permitirme acompañarlos en esta ocasión. Primero quiero darles la bienvenida y contarles que esta es una entrevista especial de César Pérez Méndez, porque hoy vamos a conocer una historia. He pedido permiso para poder tocar sentimientos, fibras profundas y, por supuesto, remover un pasado reciente.
Quiero agradecerle a Steycy Ovalle, porque al mencionar su nombre muchos ya sabrán que es la mamá del bebé que lamentablemente, en las fiestas de Navidad de fin de año, perdió la vida en Salcajá, Quetzaltenango, en un incidente de tránsito.
Esta historia nos ha llamado la atención por varias razones. Primero, porque es una historia humana; es una historia de madre. Pero, sobre todo, porque es una historia que todos conocimos, que vimos y a la que le dimos seguimiento. Sin embargo, también es una historia que sigue viva, porque continúa un proceso jurídico y legal.
Estoy muy agradecido porque Steycy confió en esta entrevista, en este espacio, para poder contar su historia y conocer más detalles de este caso tan especial.
Steycy, bienvenida. ¿Cómo se encuentra?
Steycy Ovalle:
Gracias, César. Creo que hasta la fecha sigo sobreviviendo, porque realmente ha sido muy difícil el día a día. Seguir adelante no ha sido fácil, de verdad. Pero también les agradezco a ustedes por tomarse el tiempo para escuchar mi historia.
César Pérez Méndez:
Muchas gracias y gracias por confiarnos su historia. Vamos a iniciar con algunos datos precisos. ¿Cuándo fue y a qué hora ocurrió este lamentable incidente?
Steycy Ovalle:
Fue un 24 de diciembre, cuando todos ya estaban alistándose para las fiestas de la noche. Ese día mi mamá estaba haciendo paches y ya se estaba celebrando en casa.
Yo pensé: “Bueno, es 24 y no tengo regalos para mi hermana ni para una primita”. El nene ya hacía sus manitas así… y mi ilusión era que le dieran su regalito y él lo abriera. Yo sé que él era un bebé y que tal vez no lo iba a recordar, pero era mi sentimiento de madre. Era su primera Navidad.
Como soy madre soltera, yo hacía transmisiones en vivo en Facebook vendiendo cositas. Iba mucho a un centro comercial que está cerca de la salida. A veces iba sola y otras veces iba acompañada con el bebé. Entonces, para mí era como un día normal.
Ese día alisté al nene y dije: “Vamos a traer dos regalitos, unos regalitos de Q20”. No era mucho. Salí con el nene y, créeme César, yo iba tranquila. Como te digo, para mí era un día normal.
Cuando pasamos por el Rancho Rodríguez, yo llevaba el carruaje con el nene. De pronto escuché que algo se quebraba, como plástico. Iba a girar la cabeza, pero tal vez la moví apenas un centímetro y… pasó el carro.
En ese momento me quedé en shock. Lo primero que pensé fue: “Esto es un sueño”. Ni siquiera pude ver el carro. No lo escuché, no frenó, no tocó bocina, nadie gritó “¡cuidado!”. Simplemente pasó el carro y se llevó el carruaje.
Yo empecé a gritar, porque el carruaje terminó volcado frente a otro carro estacionado.
César Pérez Méndez:
¿Contra otro carro estacionado?
Steycy Ovalle:
Sí, contra otro carro estacionado.
En mi mente yo pensaba que el nene estaba en la trompa del carro, que estaba malherido. Nunca pensé que iba a estar… así. Yo decía: “Va a estar malherido”.
Empecé a gritar desesperada: “¡André! ¡André, mi hijo, André!”. Era una desesperación que nunca había sentido. Me agarraba la cabeza y gritaba: “¡Mi hijo, André!”.
Como el carro quedó volcado, yo no podía pasar hacia la parte de adelante. Cuando estaba intentando rodearlo, vi a un hombre que estaba medio afuera del vehículo. Yo ni siquiera me fijé en él. Solo quería encontrar a mi hijo.
Entonces decidí rodear el carro. En ese momento se me acerca un hombre y me dice: “¿Está buscando a su bebé? Está abajo del camión”.
Yo me quedé ahí parada y miré a André debajo del camión. Estaba muy adentro. Solo se le veían sus piecitos.
Corrí, me agaché como pude —porque yo no podía meterme completamente— y lo jalé de los piecitos. Del golpe se le salió el calcetín izquierdo.
Cuando lo jalé, incluso sus bracitos se levantaron. Yo pensé que estaba… que estaba vivo.
Lo levanté porque pesaba. Pero tenía la mollera destapada y había un charco de sangre.
Cuando lo miré… se le veía el cerebro.
Aun así lo levanté. Te juro que todavía movía los ojos. Y ahí fue cuando empecé a gritar.
De ahí lo único que recuerdo es que yo ya estaba sentada y el nene estaba tapado. Entré en shock. No recuerdo quién me lo quitó ni cómo terminé sentada.
Las personas me estaban sujetando porque yo quería volver a agarrar al nene. Lo estaba sacudiendo… no comprendía lo que estaba pasando. Todo fue tan rápido, tan horrible.
Y hasta hoy tengo esa sensación de culpa: “¿Por qué no vi el carro?”. Aunque sé que no fue mi culpa.
Steycy Ovalle (continúa):
Personas del restaurante salieron a ayudar. Me preguntaban mi nombre, dónde vivía. Yo solo repetía: “André… es mi hijo”.
No reaccionaba.
Hasta que una señora, una colochita —hasta el día de hoy no sé su nombre— me tomó la cara y me preguntó: “¿Cómo se llama?”.
Lo único que pude decir fue: “Soy hija de Freddy Ovalle, el que trabaja en el Juzgado de Paz”.
Ella me preguntó: “¿Usted es sobrina de Dani?”.
Y yo solo respondí: “Sí, sí”.
Casualmente mi papá es bastante conocido en Salcajá por su trabajo en el juzgado. La señora era vecina de mi tío, así que comenzó a llamar a mi familia para avisarles.
Yo no tenía mi teléfono. En el carruaje había una bolsita con mi cartera, mi teléfono y una pachita. Todo salió volando.
Cuando encontraron mi teléfono, estaba quebrado. Empezaron a llamar a mi familia, pero nadie contestaba.
Al final lograron comunicarse con mi hermano. Después llamaron a mi mamá y le dijeron que fuera a reconocer a su hija, porque estaba tirada en el Rancho Rodríguez.
Mi mamá empezó a gritar pensando que yo estaba muerta.
Cuando mi familia llegó, mi papá me abrazó por la espalda y me dijo:
“¿Por qué no viste el carro?”
Hasta hoy me preguntan cómo el carro me agarró por la espalda y no me llevó.
He visto el video del accidente unas 200 veces, analizando cada segundo. Y yo ni siquiera recuerdo haberme caído. En el video se ve que el carro me tira hacia atrás y yo me levanto corriendo, pero yo no lo recuerdo.
Steycy Ovalle:
En ese momento yo no sentía nada. Llegó un bombero y me dijo:
—Señora, ¿cómo está?
Yo estaba en shock. Le respondí:
—¿Cómo me está haciendo esa pregunta si mi hijo está ahí tirado? ¿Cómo quiere que esté? No estoy bien.
El bombero me pidió disculpas. Luego me tomaron la presión, el azúcar, y me preguntaban si me sentía bien. Yo solo decía que sí, pero estaba temblando y gritando por mi hijo.
En ese momento lo único que me importaba era mi hijo. Intentar entender que ya no estaba y cómo había pasado todo.
Algo que tengo muy marcado en mi corazón es que yo estaba tirada, gritando por mi hijo, cuando se me acerca mi familia y me dicen:
—Steycy… ¿y el nicho? ¿y la caja? ¿Qué vamos a hacer?
Y yo respondía:
—No sé… ahí está el niño… no me pregunten, no sé.
César Pérez Méndez:
¿Cómo le decían de cariño?
Steycy Ovalle:
André… o Pepillo. Mi mamá le decía Pepillo.
Entonces mi familia me preguntaba qué íbamos a hacer con él, con el nicho y la caja. Pero yo no sabía qué decir. No podía pensar.
Después se realizó el levantamiento del cuerpo y tuvimos que ir al Inacif para continuar con el proceso. Llegué el 24 de diciembre y me dijeron que lo entregarían hasta las 8 de la noche. Pero al final, para hacer corta la historia, me lo entregaron hasta el 25, como a las 10 u 11 de la mañana.
Y lo más duro para mí, incluso más que el accidente, fue tener que reconocerlo.
Yo le decía a la licenciada:
—Yo no quiero entrar a verlo.
Pero ella me dijo:
—Mamita, tiene que hacerlo, porque solo usted puede reconocerlo.
Cuando me pusieron la bata y caminaba por el corredor, yo pensaba: “Dios mío, los hijos tienen que enterrar a los padres… no los padres a los hijos”.
César Pérez Méndez:
No tiene nombre. Cuando muere un padre, uno queda huérfano. Pero cuando muere un hijo… ¿cómo se llama eso? No tiene nombre.
Steycy Ovalle:
Y creo que no tiene nombre porque el dolor es demasiado grande.
Entrar a ese lugar fue horrible. El olor era a carne podrida, había moscas. Me llevaron hacia los congeladores. Yo estaba temblando.
Sacaron la bandeja y estaba la bolsa negra donde estaba mi hijo. La abrieron con confianza, porque es su trabajo.
Esa fue una de las imágenes más profundas que me quedaron.
En el momento del accidente yo había visto que su cabecita estaba muy dañada. Y al verlo ahí… me preguntaba: “Dios, ¿por qué él? ¿Por qué de esa manera?”
Después también tuve que reconocerlo en la funeraria. Me dijeron que lo habían reconstruido.
Lo maquillaron para colocarlo en su cajita. Mi chiquitito era blanquito, pero se veía más morenito.
Algo que me dolió muchísimo fue que yo quería darle un último besito.
Pero el encargado de la funeraria me dijo:
—No lo puede tocar.
Yo le pregunté:
—¿Por qué no puedo tocar a mi hijo?
Y me explicó que, por el estado en que estaba, habían utilizado ciertos productos para evitar el mal olor. Me dijeron que no podía tocarlo.
César Pérez Méndez:
O sea que no pudo despedirse con un contacto de su bebé.
Steycy Ovalle:
No. No lo pude hacer.
Y eso me dolió bastante, porque era como darle su último beso. Pero me dijeron que no podía.
En todo ese tiempo, legalmente yo todavía no había actuado, porque estaba concentrada en el velorio y en despedir a mi hijo.
Incluso organizar el velorio fue muy difícil. Por la fecha, todo estaba cerrado. No se pudo hacer el estofado como es costumbre; tuvimos que hacer pollo.
Fueron gastos, deudas… porque uno no está preparado para algo así. Nadie tiene guardado dinero pensando que su hijo va a morir.
Durante el culto se me acercaron familiares y amigos y me dijeron:
—Ya le dieron arresto domiciliario a Celeste.
Y yo pregunté:
—¿Cómo que arresto domiciliario?
Imagínate… la caja de mi hijo estaba ahí enfrente, lo estábamos despidiendo y me estaban diciendo eso.
César Pérez Méndez:
Antes de entrar en la parte legal, Steycy nos ha contado que todo ocurrió en un segundo, en un parpadeo. No logró ni ver hacia un lado.
Pero han pasado ya varios días desde entonces. ¿Cuántos días lleva contados desde el accidente?
Steycy Ovalle:
Aproximadamente más de 70 días.
César Pérez Méndez:
Después de este tiempo, ¿qué ha pasado en lo personal?
Steycy Ovalle:
Personalmente siento que se me acabó la vida.
Te soy sincera: he llegado incluso a planear mi suicidio. Pensaba que quizá era mejor terminar con todo el dolor.
Mi hijo era mi única compañía. Es mi único hijo y para mí él era todo.
César Pérez Méndez:
Antes de grabar este espacio, le pregunté a Steycy si estaba segura de compartir su historia y ella me dio su autorización.
Uno de los comentarios que más me estremeció cuando se hablaba de esta tragedia en las noticias era cuando la gente preguntaba: “¿Cuántos fallecidos hubo?”
Alguien respondía: “Uno, el bebé”.
Pero una mamá comentó algo que impactó mucho. Dijo:
“Hubo dos fallecidos, solo que a la mamá la dejaron viva”.
Steycy Ovalle:
Y es muy cierto.
Porque una parte de mí se fue con André.
Incluso cuando lo enterramos, yo puse dentro de su cajita una prenda mía, para que no me extrañara. Él se despertaba cuando no me sentía cerca.
Le puse una blusa mía.
También le puse su lamparita, porque le tenía miedo a la oscuridad. Yo sé que un muerto ya no siente nada, incluso lo dice la Biblia. Pero es el sentimiento de madre.
Con el nicho también fue difícil. Yo quería uno pequeño, pero me dijeron que solo había nichos grandes.
Y yo decía:
—Pero es muy grande para mi bebé.
César Pérez Méndez:
¿Qué prenda fue la que dejó con él?
Steycy Ovalle:
Una blusa mía.Sí, una blusa mía. Se llevó la mayoría de sus mordelones, se llevó toda su cajita, uno de sus zapatos de dinosaurio que estaba estrenando y sus dos lamparitas de angelitos para que él tuviera luz.
César Pérez Méndez:
Porque esa parte sí es completamente verídica: un bebé puede estar lejos de cualquiera, menos de su mamá.. Incluso hay videos donde explican que, cuando sienten el olor de la mamá, los bebés siguen durmiendo; si no, se despiertan. Bajo esa creencia, yo mandé mi ropa en la cajita de André.
Steycy Ovalle:
Y es que, vieras César, yo siempre le decía a mi bebé: “¿Por qué estás llorando? Si mamá no te va a dejar, nunca te va a dejar”. Y el día que yo lo dije en el cementerio sentí que rompí esa promesa. Porque yo siempre le prometí: “Donde va mamá, va bebé”.
Pero ahora bebé está en otro… En otro lado. ¿Cómo te podría decir? En otra dimensión. Él ya trascendió, gracias a Dios. Quiero pensar que está en otro lugar.
Fíjate que después del accidente yo me quedé bastante mal, porque yo decía: “No, yo me morí en el accidente. Yo me morí y no estoy reaccionando”. Sentía que el carro también me había llevado a mí, porque los primeros días fueron fatales.
Yo no entendía cómo había salido viva. No te voy a decir que salí ilesa, porque la llanta me pasó por el pie. Al otro día, cuando se me fue la sensación del dolor del shock por la pérdida de mi hijo, me di cuenta de que el pie lo tenía hinchado, morado. Ni podía caminar.
Me llevaron al doctor por los golpes que tenía en el cuerpo, el dolor de la cintura, porque caí sentada con el golpe. Y el doctor me dijo:
“Mire, reposo de tres días”.
Tenía que ir a recoger el cuerpecito del nene. Tenía que hacer todas las vueltas. Porque al ser madre soltera, solo yo. Solo yo podía hacerlo.
Entonces me tuve que aguantar el dolor físico en ese momento. Una ibuprofena y vámonos. Esos días ni comí. Y hasta la fecha me está costando comer. Me está costando entender que la vida tiene que seguir, de cierta manera.
Todavía sigo tratando de buscar el propósito de todo esto. Porque soy cristiana y creo mucho en Dios. Y me pregunto: “Ok, Dios, ¿por qué lo quiso así?”
Quiero creer que Dios no permitió el accidente, pero sí permitió que mi hijo no sufriera. Porque quiero pensar que, aunque él movía los ojitos después del accidente, eran movimientos involuntarios. Quiero creer eso.
Yo me pongo a pensar que cuando el carro se llevó el carruaje, tal vez pudo haber sido peor. Pudo haber quedado completamente destrozado. Cuando pienso en cómo quedó debajo, digo: no, gracias a Dios no sufrió.
César Pérez Méndez:
Hay una premisa que se dice cuando perdemos a un ser querido: la gran pregunta es “¿por qué?”. Y muchas veces esa pregunta no tiene respuesta. Humanamente no la tiene.
Entonces, algunos dicen que más bien hay que preguntarse: “¿para qué pudo haber ocurrido?”. Tal vez esa pregunta puede aliviar un poco el dolor, porque estas pérdidas no tienen comparación, no tienen compensación.
Steycy, ¿cuál es esa interpretación que usted está buscando?
Steycy Ovalle:
Ahorita lo que quiero entender es por qué yo quedé. Por qué el carro no me llevó a mí. Porque estuve a un paso.
Por lógica, cuando yo llevaba el carruaje y el carro pasó, yo debía haber salido hacia adelante. Pero no sé por qué sentí como si algo me hubiera jalado hacia atrás.
Pero también me pregunto: “¿Cuáles son tus planes para mí?”. Porque al menos ahorita yo he sufrido demasiado.
Y digo: estos no creo que sean los planes de Dios, verme sufrir. Pero también pienso que después del sufrimiento vendrá la alegría. La pregunta es: ¿cuándo? ¿Y a qué costo?
Porque enterrar a un hijo es demasiado difícil. Y yo siempre digo algo: no es que minimice cuando un hijo muere por enfermedad, pero al menos tuviste la oportunidad de llevarlo al doctor, de luchar por él, de endeudarte si era necesario para comprar medicamentos o máquinas.
En mi caso no fue así.
Mi consuelo fue que llegó el bombero, quitó la manta, vio a mi bebé… y volvió a taparlo.
A mí me hubiera encantado llevármelo al doctor.
César Pérez Méndez:
Siempre escuchamos decir que nadie se va para siempre mientras lo recordemos. Mientras esos recuerdos sigan vivos.
Steycy, ¿cuáles son los principales recuerdos de André que guarda en su corazón?
Steycy Ovalle:
Su sonrisa. Era muy risueño ese niño. Muy risueño.
Incluso los psicólogos me dicen: “Sonría por él. Si él era muy risueño, sonría por él”.
Pero es difícil.
Mi nene sonreía desde los cinco meses. Yo le decía: “¿Cómo te llamas?”. Y él hacía gestitos. Muy inteligente.
Le decía: “¿Mové tu chinchín?”. Hay un video que publiqué donde le digo eso y él responde con sus movimientos.
A veces yo digo en broma: los niños muy listos no son para este mundo.
Pero son recuerdos muy lindos. Cuando lo bañaba, por ejemplo. Ya empezaba a patalear, a querer jugar. Yo ya le iba a comprar sus juguetitos para la bañera.
Y son recuerdos con los que yo me quiero quedar en el corazón. Yo digo: fue feliz esos cinco meses.
César Pérez Méndez:
Cinco meses… ¿con cuántos días Dios le regaló la oportunidad de ser mamá de André?
Steycy Ovalle:
Cinco meses y veinticuatro días.
Y falleció un veinticuatro de diciembre.
César Pérez:
Una fecha exacta.
Steycy Ovalle:
Exacta. Y yo creo que uno no se va ni un segundo antes ni un segundo después de lo que le toca.
Porque en los videos el reloj marca las nueve con cuarenta y nueve minutos, con cincuenta y ocho o cincuenta y nueve segundos. Si hubiera cambiado a las nueve con cincuenta, no choca.
Entonces digo: Dios no nos dio ni un segundo más, ni un segundo menos.
Después de que murió mi hijo empecé a investigar mucho: qué pasa después de la muerte, qué pasa con el cuerpo, si hay cielo, si hay infierno… porque me entran muchas dudas como mamá: ¿dónde está mi hijo?
Y encontré algo curioso. El número 24 significa unión familiar. Y quiero creer que ese era el propósito de mi hijo: unir a la familia.
César Pérez Méndez:
¿Quiénes conforman ese núcleo familiar más cercano?
Steycy Ovalle:
Mis padres, mi hermano, mi cuñada… incluso mis tíos. Tal vez antes no teníamos una relación tan cercana, muchas veces por la distancia. Pero todo esto nos ha unido bastante.
Y yo digo: “Ok, André, lo cumpliste y lo vas a seguir cumpliendo”.
Porque considero que este caso no solo me tocó a mí, sino que tocó el corazón de muchas familias.
César Pérez Méndez:
Miles, diría yo. En Guatemala y fuera del país. Fue una noticia internacional.
Steycy Ovalle:
Sí, lastimosamente. Y lastimosamente también me ha tocado a mí contarla. Pero creo que Dios también me mandó a ser fuerte.
César Pérez Méndez:
En medio de todas esas preguntas y búsquedas… ¿qué respuestas ha encontrado sobre lo que pasa después de este capítulo terrenal?
Steycy Ovalle:
Y quiero pensar que allá el tiempo es relativo. Que mientras allá pasa una hora, aquí pueden pasar cinco años.
Quiero creer eso.
Porque entonces imagino que cuando yo llegue y voltee a ver a André, él me diga:
“¡Ah, ya vino mamá!”.
César Pérez Méndez:
Eso está fuerte, pero también da consuelo, Steycy. Nos da consuelo a quienes seguimos aquí en este mundo.
Steycy Ovalle:
Sí, yo quiero pensar eso. Y fíjate que algo bastante interesante es que algunas personas lo han soñado. Mi hermanita, por ejemplo, tiene nueve años y dice que lo soñó.
Ella me contó: “Andresito estaba abrazado por una viejita, morenita”. Y yo pensé inmediatamente en mi abuela. Dice que lo tenía abrazado y jugando. Entonces yo digo: “Bueno, ya está con mis abuelos”. Y, quiera que no, eso me da un poquito de consuelo.
También lo he soñado llorando. Y muchos me dicen: “Es que usted no lo deja descansar”, porque yo voy mucho al cementerio.
César Pérez Méndez:
¿Cada cuánto va?
Steycy Ovalle:
Cuando recién ocurrió el accidente iba cada dos días. Después, cuando pasó mi cumpleaños en enero, empecé a ir solo los sábados.
Siempre voy, lo adorno, lo pinto, llevo algo, algún juguetito. Nunca voy con las manos vacías. Pero también voy a llorarle y a pedirle perdón por no haber visto el carro.
Porque como madre uno sabe que no tuvo la culpa, pero aun así uno siente que debía proteger a su hijo.
César Pérez Méndez:
Una madre muy joven. ¿Cuántos años tiene, Steycy?
Steycy Ovalle:
Veintidós años. A los veinte me embaracé y a los veintiuno lo tuve.
Aunque soy joven, siento que he leído muchos comentarios duros. Comentarios como: “¿Dónde está el papá?”, “¿Por qué madre soltera?”, “Qué bueno que se lo llevaron”.
César Pérez Méndez:
Sí, hay comentarios muy duros. Gente sin corazón.
Steycy Ovalle:
Sí. Y yo digo: tampoco lo tuve a los catorce años. Sé que soy joven, pero sabía lo que estaba haciendo y me estaba haciendo responsable.
La relación con el papá ya había terminado, pero eso no significa que yo no estuviera asumiendo mi responsabilidad como madre.
César Pérez Méndez:
Al final, esos comentarios no tienen cabida. Porque muchas veces los planes de Dios son distintos a los que nosotros imaginamos.
Después de setenta días de este hecho, ¿qué hay en el corazón de Steycy? Más allá del proceso legal, ¿cómo se ha ayudado para seguir adelante?
Steycy Ovalle:
Cuesta buscar ayuda, cuesta mucho.
Los primeros quince días me encerré. No quería hablar con nadie, no quería que me preguntaran nada. Mi mamá me decía: “Steycy, platiquemos, ¿estás bien?”. Y yo simplemente me bloqueaba.
Pero gracias a Dios tengo el apoyo de una psicóloga que se llama Julia Ruano. Ella llega a mi casa, es un amor de persona.
César Pérez Méndez:
¿De parte de quién llega ella?
Steycy Ovalle:
Me contactó por redes sociales. Fue algo voluntario, por lo mediático que fue el accidente. Varias personas me buscaron para ayudarme.
Julia Arruano me ha ayudado mucho en la parte psicológica. Y también está Iván Tebalán, tanatólogo de aquí de Quetzaltenango.
César Pérez Méndez:
Claro, lo conocemos. Le enviamos un saludo, porque también estuvo tratando de contactarla para ayudar.
Steycy Ovalle:
Sí, Iván es un amor de persona. Ambos me han ayudado bastante, sobre todo a encontrar herramientas para salir adelante. Porque no es fácil.
A veces me siento sentada, estancada. No sé qué va a pasar en el futuro. Mis planes eran llevar a mi hijo a la playa, sacarlo a comer, hacer tantas cosas… y todo eso se fue a la basura.
Ahora vivo día a día.
He buscado mucho a Dios, he buscado más a mi familia, he leído libros, escucho podcasts y trato de distraer mi mente. Pero algo que me está afectando mucho son los ataques de ansiedad.
Hace unos veinte días estaba teniendo hasta dos ataques de ansiedad al día. Es horrible. Sentía como si las costillas se me metieran a los pulmones, no podía respirar.
La primera vez pensé que me estaba muriendo. Le dije a mi mamá: “Llame a los bomberos, ya no puedo respirar”. Pensé que ahí se terminaba todo.
Pero mi miedo no era morirme, sino que mis papás me vieran morir. Además, estaba el proceso legal. Yo decía: si yo no estoy, todo esto va a ser peor.
Entonces tengo que ser fuerte. Y creo que hasta hoy sigo de pie por el proceso legal.
También estoy tratando de encontrarme a mí misma otra vez. Porque hasta volver a sonreír duele.
A veces estoy con amistades y me hacen reír un momento, pero inmediatamente viene ese pensamiento: “¿Por qué te estás riendo? Acabas de enterrar a tu hijo”.
César Pérez Méndez:
Es luchar con lo externo, pero también con lo interno.
Steycy Ovalle:
Totalmente. Incluso algo tan simple como ir a comprar un helado. A veces pienso: “¿Por qué estás comiendo? ¿Por qué te estás cambiando? ¿Por qué estás feliz?”.
Y no es que esté feliz. Son momentos en los que trato de distraerme un poco de mi realidad. Pero esos pensamientos vuelven y golpean.
César Pérez Méndez:
Hasta hoy, para Steycy, ¿quién iba conduciendo el vehículo?
Steycy Ovalle:
Incluso hay video de cuando la sacan del carro. La persona que conducía era María Celestre Gramajo.
Los testigos dicen que llevaba puesto el cinturón de seguridad y que tuvieron que desabrochárselo para sacarla. También mencionaron que olía a alcohol.
Dentro del carro había una botella de XL, cadenas de oro y otras pertenencias que después la familia llegó a retirar.
El accidente ocurrió cerca de donde vivimos.
César Pérez Méndez:
¿Usted conocía a esta persona?
Steycy Ovalle:
Solo de vista, porque vivimos cerca. Pero no era alguien con quien yo hablara o tuviera relación.
Tampoco conocía a las personas que llegaron a auxiliarme ese día.
César Pérez Méndez:
Ahora sí, en el ámbito legal: ¿qué ocurrió después? Porque ha sido un caso que parece haberse detenido y la sociedad quiere saber qué está pasando.
Steycy Ovalle:
En Quetzaltenango estuvimos presionando con mi primer abogado, Jonathan Tobar, para iniciar con los procedimientos.
Por ejemplo, por las lesiones que yo tuve, el homicidio culposo se agrava cuando hay lesiones. Pero nunca me mandaron al Inacif.
Me citaban para trámites y cuando llegábamos nos decían que la fiscal no estaba, que se había ido a audiencia o que regresáramos otro día.
Cuando mi abogado preguntó por las cámaras de seguridad, le dijeron que no había cámaras.
Pero en redes sociales estaban circulando videos del accidente. Entonces nos dimos cuenta de que nosotros mismos tendríamos que conseguirlos.
El día del accidente, los peritos que llegaron —Nancy Bonilla y Sergio Mijangos— me tomaron declaración. Yo les pedí ver los videos porque quería confirmar si yo no había tenido culpa.
Sergio Mijangos me mostró ese mismo día los videos del Rancho Rodríguez.
César Pérez Méndez:
¿Ese mismo día del accidente?
Steycy Ovalle:
Sí. Minutos después.
Fue muy duro, pero era necesario verlo para entender lo que había pasado.
Por eso, cuando después dijeron que no había videos en Quetzaltenango, yo me pregunté: “¿Cómo que no? Si ya me los habían mostrado”.
Luego supimos que María Celeste Gramajo tiene un hermano trabajando en el Ministerio Público de Quetzaltenango. Entonces pedimos que el caso se trasladara por conflicto de intereses.
El expediente se trasladó a Totonicapán
Ahí me mostraron algunos videos, pero no estaban los del Rancho Rodríguez ni los de la gasolinera Shell. Solo estaba una cámara del hotel que es la que circula en redes.
Las cámaras nueve y diez de la gasolinera, según dijeron, “se perdieron”.
La perito aseguró que había extraído los videos y que los entregó en un disco al fiscal Wilmer Josué Miranda Maldonado, pero ese disco ya no aparece.
También hubo problemas con las cámaras de la entrada de Marroquín. Yo tenía un video de la municipalidad, pero cuando me entregaron el material, era del 29 de diciembre, no del 24.
Y cuando le mostré al fiscal el video correcto en mi teléfono, dijo que él sí tenía el del 24.
Además, no hubo inspección ocular del vehículo. No revisaron si había alcohol, drogas o botellas dentro del carro. El vehículo quedó abandonado atrás de la PNC de Salcajá.
Tampoco me enviaron al INACIF.
Y el examen toxicológico tampoco se hizo correctamente. La doctora Roxana Rodríguez Gramajo indicó que no pudo hacer un examen de sangre porque “no había lugar para venopunción”.
Pero eso no tiene sentido, porque incluso del tobillo se puede extraer sangre.
Según el informe, solo se hizo un examen de orina, y hasta hoy no hay resultados.
Eso molesta mucho. Porque, por ejemplo, el accidente de la Sinaloa ocurrió dos días después del mío, y el responsable ya estaba en prisión preventiva con el resultado toxicológico.
En cambio, aquí, después de dos meses, no entregan el examen.
Ya se solicitó dos veces oficialmente y no lo entregan. Entonces uno empieza a preguntarse qué está pasando.
César Pérez Méndez:
Actualmente, ¿quién la está apoyando legalmente?
Steycy Ovalle:
Ahora mi abogado es Carlos Martínez.
Él es más directo y me pone en la realidad. Me dice que hay distintos escenarios posibles, pero que van a intentar que en la primera declaración el caso avance hacia prisión preventiva.
Porque como madre lo que yo quiero es justicia. No es justo que yo esté llorando y llevando flores a mi hijo cada sábado mientras la persona responsable está en arresto domiciliario.
Ese día en la audiencia la familia llegó con mascarilla. La señora ni siquiera se acercó a hablar conmigo. Solo levantaba la ceja.
Incluso llegó en silla de ruedas, pero después la han visto en la calle caminando con muletas.
César Pérez Méndez:
Después del velorio y el sepelio, ¿ha habido algún apoyo económico de parte de la familia de la persona señalada?
Steycy Ovalle:
Buscaron a mi papá. El abogado llamó y le dijo que querían hacerse cargo de los gastos funerarios para que “y que ahí se quede todo”.
Le dijeron a mi papá que eso era una relación con su hija, que él no tenía nada que ver porque era mi nieto, no su hijo. Mi papá respondió: “Hable con mi hija”. Pero conmigo nunca se han acercado personalmente ni me han llamado.
Lo que han hecho es buscar a mi papá en su trabajo. El abogado de ellos, Jorge Abundio García Morales, llegó a hablar con él. Le decía: “Mire, don Freddy, lo más que podemos ofrecer son Q50 mil”.
Pero al inicio me ofrecieron 20 mil. Y yo les decía: “Disculpen, pero solo el nicho me costó Q25 mil”. Y no es una exageración; pueden ir a preguntar a la municipalidad.
También buscaron a mi mamá. Llegó el papá de un candidato a la alcaldía de Salcajá, Daniel Ovalle, diciendo que también estaban apoyando. Su papá le dijo a mi mamá: “Por favor dígale a su hija que acepte los 50 mil. Nosotros somos personas serias”.
Mi mamá les respondió: “Mi hija está en la casa, vayan a hablar con ella”.
Porque yo no soy una persona. Sé que los accidentes pasan. Pero lo que me molesta es que se escondan y quieran arreglar todo con todos, menos conmigo.
César Pérez Méndez:
¿Los escucharía si quisieran acercarse?
Steycy Ovalle:
Claro que sí. Yo soy gente, César. Yo sé que los accidentes pasan y que nadie está libre de una tragedia.
Pero que hasta hoy ni siquiera me hayan dado el pésame… eso me duele. Porque no fue un perro al que mataron. Fue mi hijo.
César Pérez Méndez:
¿Ha buscado apoyo en otras instancias?
Steycy Ovalle:
Sí, incluso he tratado de buscar apoyo con diputados. Contacté a Byron Rodríguez, le envié toda la información del caso. Pero luego vi que publicaron una fotografía por el Día de la Mujer junto a Daniel Ovalle.
Entonces uno entiende muchas cosas. Son personas con contactos, con dinero.
Muchos dicen: “Era solo un bebé de cinco meses”. Sí, pero era mi hijo.
César Pérez:
¿Para usted qué sería justicia en este caso?
Steycy Ovalle:
Yo espero que ella esté en la cárcel. Eso es lo que espero. Que sea condenada.
Porque esta familia ya ha tenido problemas en Salcajá, la gente los conoce. Yo creo que solo así algunas personas entienden las consecuencias de sus actos.
César Pérez Méndez:
¿Cree también en una justicia divina?
Steycy:
Claro que sí. Creo que las lágrimas de una madre se pagan doble.
Yo no le deseo el mal a Celeste. Pero si algún día les toca a ellos o a su familia pasar por algo así, que entiendan el dolor que se siente.
César Pérez Méndez:
Entonces no es venganza, es justicia.
Steycy Ovalle:
Exactamente. No es venganza.
César Pérez Méndez:
¿Cómo se siente con el apoyo de la gente que ha llegado a las manifestaciones y a las audiencias para acompañarla?
Steycy Ovalle:
Siento que no estoy sola. Porque legalmente parece que todo está del lado de ellos.
Pero cuando veo a las personas con carteles, con mensajes de apoyo, siento que mi corazón sana un poquito. Es como decir: “No estoy sola”.
César Pérez Méndez:
¿Le gustaría hacer un llamado al Ministerio Público?
Steycy Ovalle:
Sí. Al Ministerio Público les pido que hagan su trabajo, no solo con mi caso, sino con todos.
Es muy desgastante tener que ir a presionar y a insistir cuando uno está atravesando un dolor tan grande. No estamos pidiendo nada fuera de la ley, solo que hagan bien la investigación.
También le pido a los jueces que sean objetivos. Que se pongan en los zapatos de las víctimas.
Porque no puede ser que por conocer a un abogado o por dinero alguien quede libre. Para nosotros, las víctimas, el dolor es muy grande.
Yo solo pido que revisen todas las pruebas y evidencias con objetividad y que se llegue a un resultados satisfactorio
César Pérez Méndez:
También es importante pedir celeridad en el caso. Los operadores de justicia saben que existe una mora judicial.
Steycy, siga luchando. La vida continúa. Siga luchando por usted, por su familia y por la memoria de André.
Estoy seguro de que mucha gente la ha llegado a querer sin siquiera conocerla. Muchas personas han orado por usted, han pedido por su corazón y por su sanación.
¿Qué mensaje quiere dar a todas esas personas que han estado pendientes de usted?
Steycy Ovalle:
Quiero agradecerles de corazón. A través del caso de André he conocido a muchas personas con corazones muy nobles.
Sé que muchas personas han encendido una vela por André, han orado por él, por mí y por mi familia. De verdad se los agradezco y espero que Dios, junto con André, se los multiplique.
También agradezco a las personas que llevaron víveres en su momento, porque realmente fueron de ayuda. Y a quienes han llegado a las manifestaciones, gracias por tomarse el tiempo, incluso bajo el sol.
Porque hoy fue André, pero mañana puede ser una familia completa.
También quiero contarles que en unas semanas haré transmisiones en vivo para recaudar fondos para la lápida de André.
César Pérez Méndez:
¿A qué número pueden comunicarse con usted?
Steycy Ovalle:
Pueden escribirme a mi WhatsApp: 4733 8053. Ahí siempre respondo.
César Pérez:
Repitamos el número.
Steycy Ovalle:
4733 8053.
César Pérez Méndez:
Ahí pueden enviar mensajes de apoyo o cualquier ayuda que deseen brindar.
¿Cuándo está programada la próxima audiencia?
Steycy Ovalle:
Si no la vuelven a suspender, será el 10 de abril a las 12 del mediodía. La vez pasada fue terrible. Nos llamaron a las diez de la mañana para decirnos que se suspendía por un “problema de agenda”. Nos pidieron que llegáramos con los medios a las dos de la tarde para explicarlo.
Corrimos todos, y al final solo utilizaron esa excusa para suspender nuevamente.
Espero que esta vez sí se realice.
César Pérez Méndez:
¿Algo más que quiera compartir?
Steycy Ovalle:
Agradezco eternamente a todas las personas que han tratado de contactarme, incluso personas que no conozco. Un señor de Cantel llegó a mi casa preguntando por mí entre los vecinos.
Como madre de André, quiero decirles algo: cuiden a sus hijos. Ámenlos, compartan con ellos.
A veces los padres nos desesperamos, pero ámenlos y disfrútenlos. Porque uno nunca sabe cuándo puede pasar algo.
A mí me arrebataron a mi hijo en un segundo, y me quedé con muchos “hubiera”.
Amen a sus hijos y disfruten cada momento con ellos.
César Pérez Méndez:
Muchas gracias, Steycy, por compartir su historia y confiar en nosotros.
Steycy Ovalle:
Gracias a ustedes.
César Pérez Méndez:
Gracias amigos por acompañarnos en este capítulo especial de La Entrevista con César Pérez Méndez. Con permiso.
Mira la entrevista a continuación:
La Entrevista con César Pérez MéndezLa Voz de XelaSteycy Ovalle