Hora de Xela
“La puntualidad tiene que ver con el hecho de valorar tu tiempo y sobre todo el de los demás. Este valor es visto como un signo de consideración hacia las personas que se encuentran esperando. Tanto es así que en algunas culturas la impuntualidad significa desprecio por el tiempo de otra persona y se puede considerar como un insulto”. Este medio tiene como propósito generar iniciativas que generen impacto positivo en el desarrollo personal, y como consecuencia de ello, mejorar las condiciones de vida de la comunidad y ciudad. Los valores ciudadanos son esenciales para ello, repasemos estos mandamientos del buen vivir, que permitirá ser mejores quezaltecos, sobresalientes guatemaltecos y seres humanos extraordinarios. 1. Responsabilidad Este es el valor ciudadano más importante de todos. La responsabilidad tiene que ver con las obligaciones que tiene toda persona con respecto a las decisiones que toma y con las consecuencias que estas pueden generarle. Cada acción que se toma tiene una repercusión en la sociedad. Y la responsabilidad se basa en analizar cada uno de estos actos y hacerse cargo de ellos. Por ello, es esencial concienciar a los más jóvenes sobre las consecuencias que pueden generar sus acciones y de cómo deben responsabilizarse de ellas. El medio más idóneo de propiciar respeto es el hogar, cumpliendo nuestra función de padres, hijos, hermanos, estudiantes, profesionales con mucha dedicación, no hay que olvidar que una empresa al momento de decidir por un profesional, intenta reclutar al “mejor”, el segundo y los demás deben someterse a pruebas. 2. Respeto Para que la responsabilidad tenga vigencia es necesario propiciar respeto. Este es el valor que permite que una persona pueda aceptar y apreciar las cualidades que tienen otras personas, así como sus defectos. El respeto es entender que más allá de ‘mis derechos’ y ‘mis libertades’, también existen los derechos y las libertades del prójimo. Aquí tenemos trabajo la mayoría de nosotros, en detalles como estos: ¿Somos capaces de ceder la vía? ¿Damos preferencia al peatón en relación al auto? Entre otras actitudes donde el respeto a los demás constituye el medio de expresión de nuestra calidad humana. 3. Honestidad Las personas estamos capacitadas para distinguir el bien del mal. Ya lo dijo la gran Violeta Parra, “gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros, que cuando los abro perfecto distingo lo negro del blanco”. Entonces por qué nos equivocamos de vez en cuando, quizá no valoramos de lo que somos capaces, esta capacidad se conoce con el nombre de ‘conciencia moral’. La honestidad es entonces una cualidad humana que consiste en vivir y expresar esa conciencia. Es básicamente comportarse con coherencia y sinceridad. Esto quiere decir que lo que dices debe estar alineado con tus actos. Al ser honesto se demuestra respeto por uno mismo y por las demás personas. 4. Colaboración Siendo los valores ciudadanos el principal componente para mantener relaciones sociales armoniosas, la cooperación no puede pasarse por alto. La cooperación no es más que la asistencia que se ofrece para llevar a cabo un trabajo en común. Se hace para cumplir un objetivo compartido. Tal y como ocurre con el resto de los valores, se trata de hechos sociales que se producen en el entorno en el que se desenvuelven las personas. Debiendo tener claro algo muy puntual, “ser parte de la solución y no del problema”, al cuestionar sobre lo que la ciudad y sus autoridades hacen por nosotros, preguntemos primero: ¿Qué hacemos por cambiar esa realidad? 5. Solidaridad Para convivir de forma armoniosa en sociedad es necesario que exista la solidaridad. Este valor consiste en prestar ayuda a otras personas sin importar cuál sea su religión, su cultura, su género o postura política. Con la práctica de la solidaridad se crean lazos sociales que unen a los distintos miembros de una sociedad. Este valor implica tener sentimientos como el afecto, la empatía, el sentido de justicia y la ayuda desinteresada. Además, la solidaridad es lo que permite que se lleven a cabo acciones concretas que respondan de manera favorable a las necesidades de los conciudadanos. Pienso que este valor es propio de nosotros, en cada acción, si somos capaces de expresarlo, en el abrazo sincero, en la armonía del trabajo o en la plática cotidiana mientras compartimos la mesa. 6. Humildad Otro valor esencial para vivir tranquilamente en sociedad es la humildad. Esta puede definirse como la ausencia de soberbia. Las personas humildes se caracterizan por ser modestas, por expresar respeto por las demás personas y no sentirse más importante que otros debido a sus logros. Esta virtud también consiste en conocer las limitaciones y debilidades propias, y actuar de acuerdo a tal conocimiento. Sin embargo, el concepto de humildad muchas veces se distorsiona. Parece que incluso si se deja de lado la ostentación, no es posible mostrar los méritos propios, ya que no todo el mundo está preparado para afrontar lo que otros han logrado. Si no cultivamos la humildad, no podremos disfrutar la satisfacción de las cosas, que en ese caso nos proporcionará un orgullo bien ganado. 7. Lealtad Un valor esencial para la convivencia armoniosa con otros es la lealtad. Esta virtud se desarrolla en la conciencia e implica cumplir con un compromiso adquirido, incluso frente a circunstancias adversas o cambiantes. Se trata también de estar comprometidos con lo que creemos y con las personas en quien creemos. La lealtad está asociada a la confianza. Ser leal significa ser digno de confianza. Quien no es leal no puede ser un buen ciudadano, porque su comportamiento no va en consonancia con las acciones que permiten una buena convivencia en sociedad. No hay satisfacción más grande que ser leal, consigo mismo, con la familia, con los padres, con los amigos, con el trabajo y sobre todo como dicta nuestro mandamiento chapín, “primero Dios”. 8. Tolerancia La tolerancia es un valor íntimamente relacionado con el respeto. Se trata de la capacidad para aceptar la diversidad de opinión, social, cultural, étnica, política y religiosa. También tiene que ver con el saber escuchar y aceptar a las demás personas tal y como son, sin juzgarlos. Gracias a la tolerancia se puede vivir en una sociedad donde se respeten las diferencias de cada persona, desde su pensamiento hasta sus acciones. Pero, a pesar de lo mucho que ha evolucionado el mundo y las sociedades que lo componen, la tolerancia es un valor ciudadano ausente en muchos lugares. 9. Justicia La justicia es uno de los valores que tiene mayor relación con la convivencia armoniosa de los ciudadanos. Se basa en el conjunto de reglas y normas que se establecen para que puedan existir relaciones adecuadas entre personas e instituciones. Esta es la que permite autorizar, prohibir o permitir acciones específicas en la interacción que ocurre entre individuos e instituciones. En pocas palabras, este valor tiene que ver con la concepción de lo que es bueno para todos los que conforman una misma sociedad. En la práctica, su finalidad es reconocer qué es lo que le corresponde y le pertenece a cada persona. A través de la justicia se respeta el derecho de los individuos, se recompensa su esfuerzo y se garantiza su seguridad. 10. Puntualidad La puntualidad tiene que ver con el hecho de valorar tu tiempo y sobre todo el de los demás. También se trata de la capacidad de poder finalizar una tarea o una obligación antes o en el plazo que se ha establecido para ello. Este valor es visto como un signo de consideración hacia las personas que se encuentran esperando. Tanto es así que en algunas culturas la impuntualidad significa desprecio por el tiempo de otra persona y se puede considerar como un insulto. Este servidor propone que desde hoy iniciemos con un proceso que debe crear habito, y este es, #HoradeXela, es decir, que todas las actividades inicien a la hora acordada, con el número de personas presentes, de inicio esto afecta a quienes no se acostumbran, pero una vez implementado, seguro permitirá ser más competitivos como ciudad, y porque no, como país. 11. Orden Este es un valor que se aprende en casa desde muy pequeños, y se trata de una idea que acompaña a las personas durante el resto de la vida. Además, es un comportamiento que se extrapola a los demás ámbitos de la vida. El orden no solo se refiere a la organización de lo material, sino también a la forma en la que se organizan las ideas y a la manera en la que se conduce la vida en líneas generales.
Marco Buestán
¿Soy trigo o cizaña?
El ser humano, por naturaleza, está inclinado al pecado y todos somos pecadores. Aquellos que se consideren limpios de pecado, que lancen la primera piedra. Digo esto porque nunca faltan quienes se fijan mucho en la paja que lleva el ojo ajeno, pero son incapaces de ver la viga que llevan en el suyo. Y lo peor es que, a veces, son muy duros y crueles para tratar a quien se equivoca.
Algunos cristianos son muy ofensivos para tratar al pecador. No caen en la cuenta de que nuestro Dios es un Dios misericordioso. Dios “es misericordioso con todos. Gobierna con delicadeza. Al pecador le da tiempo para que se arrepienta” (Sab 12, 13.16-19). El libro de la Sabiduría nos recuerda que Dios es misericordioso y que juzga con misericordia. Y esto es verdad, porque si Dios no nos tratara con misericordia ante nuestra terquedad y falta de compromiso cristiano, pues muchos no estaríamos donde estamos.
Dios nos ha dado unos mandamientos para que nos orienten en esta vida. Los primeros tres —amarle sobre todas las cosas, no jurar su nombre en vano y santificar las fiestas— se refieren a nuestra relación con Dios. Un Dios que nos da tiempo suficiente para convertirnos, para volver a Él. Del cuarto mandamiento al décimo, Dios nos dice que respetemos a nuestros padres, que no mintamos, que no matemos, que no robemos, que no deseemos bienes ajenos y que no demos falsos testimonios.
Sabemos de memoria estos mandamientos. Y Dios nos está dando tiempo para practicarlos y que nos ayuden a convertirnos en mejores personas. Dios nos está dando tiempo, pero si no cambiamos, tarde o temprano recibiremos, en nuestra propia vida, las consecuencias de nuestros pecados.
Muchos de nosotros somos cizaña para los demás. Y a todos los cizañosos, Dios les da tiempo para que cumplan sus mandamientos, es decir, espera que se conviertan. Por eso, en (Mt 13, 24-43), Jesús habla del trigo y la cizaña. El trigo es la semilla buena; son los cristianos obedientes, que respetan; son los cristianos que tratan cada día de vivir un cristianismo serio y comprometido, que intentan disciplinar su vida de pareja, que reciben los sacramentos y se sienten comprometidos con los valores del reino de Dios.
La cizaña representa a los cristianos desobedientes, que no respetan a nadie; la cizaña se refiere a quienes no son constantes en la práctica de su fe; la cizaña son aquellos cristianos a quienes les vale la autoridad en la Iglesia y que hacen de la Iglesia una plataforma para complacer sus propios caprichos. La cizaña son los hipócritas, los perseguidores y todo aquel que obra el mal.
¿Qué hay que hacer con la cizaña? ¿Arrancarla? Jesús recomienda que no se arranque. Hay que dejarla que crezca con el trigo. Ya llegará el tiempo de la cosecha y, entonces, sí se arrancará. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Le da tiempo al pecador para que se arrepienta. Lamentablemente, los pecadores no siempre nos arrepentimos a tiempo.
En la vida, podemos ser trigo o cizaña. ¿Qué es usted en su trabajo, en su familia y en su comunidad? ¿Es trigo o cizaña? La decisión es personal.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Un acercamiento a la actitud mental positiva
¿Qué es la actitud positiva? ¿Cómo se define?
No es otra cosa que ser optimista ante los retos de la vida, tener esperanza e ilusión ante el presente y el futuro, los cuales abarcan la vida entera.
¿Qué debe hacerse ante el conflicto, que es el pan de cada día?
Para comprenderla mejor, se ilustra con algunos ejemplos a seguir ante la dificultad:
a. Reconducir el conflicto.
b. Buscar consensos.
c. Ver el lado positivo de las personas.
d. Evitar la crítica y el chismorreo.
e. Evitar la queja constante.
f. Buscar y aportar soluciones a los problemas.
g. Actuar con resolución y ser creativo.
h. No caer en el desánimo.
Para profundizar más en el tema, se aconseja la práctica del mindfulness, que ayuda a ver con ojos nuevos los conflictos y buscar consensos y soluciones, evitar las críticas y quejas, enfocarse en trabajar con energía, diseñar y desarrollar proyectos, evitar el desánimo y formular y ejecutar planes que ayuden a crecer como personas.
Pero ahora viene la interesante pregunta: ¿Qué es el mindfulness?
No es otra cosa que aprender a ver con buenos ojos las dificultades, haciendo a un lado aquellos hábitos o prácticas que muestran resistencia a los acontecimientos del día a día, hechos que no son de nuestro agrado; pero también es ver cada día de manera diferente.
¿Qué es lo que queremos expresar cuando hablamos de actitud positiva?
Responder con optimismo día a día, con una mirada llena de esperanza y de ilusión, aunque los acontecimientos no sean del 100 % de nuestro agrado. Algunos ejemplos de actitudes positivas pueden ser los siguientes:
a. Reconducir el conflicto.
b. Buscar consensos.
c. Ver el lado bueno de las personas.
d. No ser retorcidos.
e. No buscarle tres pies al gato, como dice el dicho.
f. No criticar ni chismorrear.
g. No quejarse todo el tiempo.
h. Aportar soluciones a los problemas.
i. Ser creativos y resolutivos.
j. Enfocar las energías en el trabajo de cada día.
k. Diseñar, desarrollar y concluir proyectos.
l. Estar activos y no caer en el desánimo.
Para la inteligencia artificial, la actitud positiva consiste en enfrentar el día a día con optimismo, esperanza y una mentalidad constructiva. Lo cual no significa darles la espalda a los problemas, sino buscar soluciones con optimismo, esperanza y una mentalidad constructiva, asumiendo las dificultades y enfocándose en encontrar soluciones.
Laura Ronquillo
Doctora en Salud Mental y Dinámica Humana, con tres maestrías, Licenciada en Pedagogía, Profesora en Enseñanza Media, escritora de temas de educación, salud mental y psicología, y catedrática universitaria.
Ejecutivo y Legislativo, corresponsables del alza en el combustible
Para países como el nuestro, donde el 100 % de los derivados del petróleo —combustible— que consumimos es importado, siempre vamos a estar sujetos a los precios internacionales y esto se agrava aún más cuando existen conflictos geopolíticos y los importadores deshonestos y corruptos se aprovechan del desastre del Estado —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— para seguir engordando sus cuentas bancarias.
Desde mi particular punto de vista, el Ejecutivo y el Legislativo son corresponsables en el alza al combustible, toda vez que no han querido estar del lado del pueblo. Estamos claros: el presidente legalmente no puede intervenir en el precio del combustible, porque la Ley de Comercialización de Hidrocarburos —artículos 1 y 5— se lo prohíbe; sin embargo, tiene al Ministerio de Energía y Minas y la DIACO a su disposición. Desde hace mucho tiempo debió implementar mecanismos de control —contratar más personal técnico y especializado— para realizar una presencia masiva de auditoría que controle el precio, la cantidad y la calidad del producto. Sin embargo, nuestra historia es triste: el MEM solamente cuenta con ocho personas encargadas de supervisar a más de 1 mil 300 gasolineras autorizadas en todo el territorio. Esto es inaudito. La DIACO tiene 250 personas, incluido personal administrativo, pero el campo de competencia de la DIACO es mucho más grande. Entonces, como dijo Cantinflas, ahí está el detalle: los comerciantes de combustible tienen todo a su disposición y nadie los fiscaliza. No había estallado la guerra en el Medio Oriente y ellos ya le habían subido el precio al combustible.
Los diputados están haciendo su mayor esfuerzo para sí mismos; muchos están aprendiendo a fiscalizar para las redes sociales, porque menos lo hacen para la gente de a pie. Muchos hasta se toman la foto y graban videos junto al pilón publicitario, descargando su enojo contra el presidente del Ejecutivo. Diputados —me refiero al 95 %—, no sean hipócritas, porque ustedes han tenido la responsabilidad de mejorar la calidad de vida del guatemalteco y no han asumido ese rol. Les recuerdo que, desde el mes de abril de 2026, está en el Congreso la iniciativa No. 6755, la cual busca reformar los artículos 1, 6, 37 y 40 de la Ley de Comercialización de Hidrocarburos. Las multas de hoy son irrisorias; con la reforma deben pagar hasta 20 millones de quetzales. A decir de uno de los diputados ponentes, esta iniciativa ni siquiera la han agendado para su lectura. Entonces, diputados, ¿a qué están jugando? ¿Será que los intereses de las importadoras —tres importadoras— tienen mayor peso que la calidad de vida de más de 18 millones de guatemaltecos?
Entonces, no castiguen más al pueblo, no den más subsidio. Está comprobado técnica y financieramente que no ayuda para nada. Sí o sí, deben eliminar el Impuesto de Distribución de Petróleo (IDP). Este impuesto representa el 3 o 4 % —4 mil millones de quetzales— del total de ingresos del Estado, mientras que el subsidio pagado en dos meses sumó 2 mil millones de quetzales. En dos meses más se pierde todo lo que se recauda al año en IDP. Diputados, ¿les cuesta entender eso?
Para los que están preocupados por el agujero fiscal que ocasionará la eliminación del IDP, les recuerdo que las grandes corporaciones y/o empresas evaden el 30 % del ISR. ¿Qué hay que hacer entonces? Fácil: que la SAT siga apelando a la IA y seguramente tendremos más dinero en las arcas nacionales. ¿También les cuesta entender eso, diputados?
Como dijo Raúl Velasco: «AÚN HAY MÁS», en mi tintero.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
Sanar las huellas: La autoimagen después del abuso sexual infantil
La historia no termina en la herida; comienza en la capacidad que tenemos para florecer a pesar de ella.
El camino hacia la reconstrucción personal después de experimentar violencia en la infancia es, sin duda, uno de los procesos más delicados y profundos que un ser humano puede vivir. Cuando el abuso sexual ocurre en los primeros años de vida, no solo vulnera el cuerpo y la confianza; también distorsiona de forma drástica la manera en que la persona se ve a sí misma, afectando el núcleo más íntimo de su identidad: la autoestima. Durante la infancia, nuestra autoestima se construye a través del cuidado, la protección y el reflejo del amor que recibimos de nuestro entorno. Cuando ese espacio se rompe, el mensaje que la mente infantil suele asimilar equivocadamente es "yo soy el culpable" o "no valgo lo suficiente para ser protegido".
Para dimensionar el impacto de esta problemática y comprender que no se trata de un dolor aislado, es fundamental mirar la realidad con empatía y sin tabúes:
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales en la infancia (entre los 0 y los 17 años). Investigaciones clínicas revelan que hasta un 70% de las víctimas guardan el secreto durante años o incluso décadas, cargando en soledad con sentimientos de vergüenza, culpa y desvalimiento. Las personas que han vivido abuso sexual infantil tienen hasta 4 veces más probabilidades de experimentar una baja autoestima crónica, cuadros de ansiedad, depresión y dificultades para establecer límites saludables en sus relaciones adultas.
Recuperar el amor propio tras una herida de esta magnitud es un trayecto progresivo, que requiere paciencia, ternura y un ritmo respetuoso. La mente de un niño o niña busca explicaciones lógicas ante el dolor un paso transformador en la vida adulta es comprender que la responsabilidad de un abuso recae al 100% en el agresor, jamás en la víctima. Muchas veces mantenemos una voz interior rígida o crítica que perpetúa el trato recibido en el pasado. Cambiar el "debería ser más fuerte" por un "estoy haciendo lo mejor que puedo y merezco paz" abre espacio a la sanación. El abuso despoja a la persona del control sobre su propio espacio. Fortalecer la autoestima implica volver a habitar el cuerpo desde la seguridad: aprender a escuchar sus señales, honrar el descanso, decir "no" sin culpa y establecer límites claros en tus relaciones. Volver a tomar las riendas de tus decisiones corporales y emocionales es un acto de amor propio sumamente poderoso. La historia no termina en la herida; comienza en la capacidad que tenemos para florecer a pesar de ella.
Sara María Mendoza G.
Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.
OpiniónAutoestima
Las mentiras que te dejan sin trabajo
Al final, un currículum puede abrir la puerta a una entrevista, pero es la honestidad la que ayuda a mantenerla abierta.
El proceso de reclutamiento y selección de personal es un procedimiento bastante especializado para contratar colaboradores. Aunque no siempre es perfecto, logra detectar muchas mentiras, algo muy común en todas las organizaciones. Una entrevista de trabajo es mucho más que un espacio para responder preguntas; es el inicio de un proceso de análisis de la persona.
Algunos candidatos creen que inventar excusas, exagerar logros, mentir sobre su experiencia, modificar fechas u otras tantas falsedades aumentará las probabilidades de ser contratados. Sin embargo, el proceso está diseñado para detectar dónde se ha mentido, y es muy difícil sostener una mentira. Al final, esto les costará la oportunidad laboral.
Las mentiras más comunes van desde la típica excusa de tener emergencias familiares o personales para justificar un retraso o la ausencia a la primera entrevista, hasta afirmar que dominan un idioma, ajustar las fechas para ocultar períodos sin trabajo, exagerar el manejo de programas requeridos para el puesto, inflar las responsabilidades en el currículum o asegurar que renunciaron voluntariamente cuando, en realidad, fueron despedidos. También están frases como: "aprendo rápido", "me gusta trabajar en equipo", "soy puntual" o "soy responsable", que, a la hora de desempeñar el puesto, muchas veces no se reflejan en la práctica.
Desde la psicología, estas conductas se relacionan con el miedo a ser rechazado, la baja autoestima, la presión social por conseguir empleo o la facilidad para decir mentiras. Desde la perspectiva de los recursos humanos, también es común que las personas oculten problemas ocurridos en trabajos anteriores o exageren la experiencia que realmente poseen. En el ámbito social, específicamente en Guatemala, muchas personas están acostumbradas a decir mentiras para salir de situaciones incómodas.
Los profesionales de recursos humanos realizan entrevistas de forma constante y han desarrollado habilidades para identificar inconsistencias. Además, se apoyan en otras herramientas que les ayudan a detectar cualquier mentira que pueda presentarse durante el proceso. En otros casos, mentir para justificar la inasistencia a citas previamente acordadas es tan frecuente que termina cerrando puertas y perjudicando a quienes verdaderamente han tenido una situación justificada.
La mejor recomendación que podemos dar es ser honestos. Reconocer la verdad y admitir que existen áreas de mejora no es una desventaja. Las empresas valoran cada vez más la buena actitud, la honestidad, la capacidad de aprender y adaptarse, la confiabilidad y las ganas de salir adelante, por encima de cualquier mentira que pueda decirse durante el proceso.
Al final, un currículum puede abrir la puerta a una entrevista, pero es la honestidad la que ayuda a mantenerla abierta. En el mundo laboral, las habilidades se pueden desarrollar, pero la confianza, una vez perdida, es mucho más difícil de recuperar.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
Cuando una oportunidad puede cambiar una vida
Los sueños necesitan preparación, perseverancia, pero también necesitan oportunidades.
Hoy tuve la oportunidad de asistir al lanzamiento de la sexta edición del Festival de Canto Luz de Luna 2026, impulsado por Interplaza Xela y Metroproyectos. Salí con una sensación muy positiva al ver que existen iniciativas que creen en el talento y en los sueños de los jóvenes.
En una época en la que abundan las críticas sobre la falta de oportunidades, resulta alentador encontrar proyectos que no solo hablan de apoyar el talento, sino que abren un escenario real para descubrirlo y desarrollarlo.
Muchos jóvenes poseen una voz extraordinaria, una habilidad artística o un sueño que permanece en silencio porque nunca han encontrado la oportunidad de demostrarlo. Para ellos, este festival puede representar mucho más que un concurso: puede ser el inicio de una historia de éxito.
Ningún artista reconocido comenzó siendo famoso. Todos tuvieron un primer escenario, una primera audiencia y alguien que creyó en ellos. Precisamente eso representa Luz de Luna: una puerta abierta para quienes esperan ese primer "sí" que puede cambiar su vida.
Más allá de los premios, el mayor reconocimiento será la experiencia, la disciplina, la confianza y la visibilidad que obtendrán los participantes. Esas oportunidades suelen tener un valor incalculable.
Como sociedad, necesitamos impulsar más espacios donde el talento tenga cabida. Cuando una empresa decide invertir en cultura, arte y juventud, también está invirtiendo en el futuro de su comunidad.
Ojalá muchos jóvenes del occidente del país se animen a participar. Los sueños necesitan preparación, perseverancia, pero también necesitan oportunidades.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónCésar Pérez MéndezFestival de Canto Luz de Luna 2026
La fe: el mejor capital para construir una empresa
Quien aprende a depender de Dios descubre que el mayor éxito no es construir una empresa próspera, sino una vida con propósito y un legado que glorifique su nombre.
En el mundo de los negocios solemos medir el éxito por las utilidades, el crecimiento o la capacidad de innovar. Sin embargo, existe un activo que no aparece en los estados financieros, pero que sostiene a los líderes en los momentos más difíciles: la fe en Dios.
Todo empresario enfrenta incertidumbre, decisiones complejas y desafíos que ponen a prueba su carácter. En esos momentos, la tentación es confiar únicamente en la experiencia, el conocimiento o los recursos propios. Pero la Palabra de Dios nos recuerda: "Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia; reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas"(Proverbios 3:5-6).
La verdadera fortaleza de un líder no radica en creer que puede hacerlo todo, sino en reconocer que necesita la dirección de Dios. Cuando Él guía nuestras decisiones, también moldea nuestro carácter para actuar con integridad, justicia y humildad. Así, la empresa deja de ser solo un negocio y se convierte en un instrumento para servir, generar bienestar y honrar al Creador.
El Salmo 127:1 lo expresa con claridad: "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican". Ningún plan estratégico sustituye la bendición de Dios. Por eso, antes de abrir una puerta, firmar un contrato o iniciar un nuevo proyecto, vale la pena hacer la pregunta más importante: "Señor, ¿es este tu camino?"
Quien aprende a depender de Dios descubre que el mayor éxito no es construir una empresa próspera, sino una vida con propósito y un legado que glorifique su nombre.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión
Adiós al Mundial 2026
Se terminó la alegría del Mundial 2026, una fiesta futbolística programada, tan esperada y deseada a nivel mundial, llena de alegría, algarabía, falta de empatía, colores, sinsabores, sorpresas, pesquisas, emociones, conmociones; la plataforma perfecta en donde vimos desfilar atletas conocidos, con una trayectoria y admirable recorrido, y atletas desconocidos, sepultados en el anonimato, que provocaron un tremendo impacto; jugadas que superaron la expectativa de los espectadores; sanciones erróneas que le dieron un tinte de inconformidad e indignación en más de una ocasión; ingresos exorbitantes por la afluencia de aficionados que no escatimaron recursos ni tiempo para estar presentes; segundos, minutos, días y semanas de euforia, cargados de temas polémicos, motivo de convivencia, unión familiar y desacuerdos para países que no tienen el privilegio de participar en un magno evento de tan alto calibre como el descrito anteriormente. El Mundial se convirtió en el mejor pasatiempo, la razón para sonreír, gritar, discutir y hasta llorar por las diversas opiniones.
Si bien es cierta la frase «mente sana, cuerpo sano», queda a nivel utópico en este Mundial porque muchos jugadores denotaron la falta de autorregulación a nivel de sus emociones, manchando de esta manera su imagen.
Regular lo que sentimos disminuye el desgaste psicológico, mejora la resiliencia, transformando la frustración en acción; eventos como el Mundial deben ser y convertirse en el punto y momento crucial para valorizar y dignificar a la persona humana, no para subestimar sus aptitudes, calidades y habilidades.
El mérito en este Mundial también aplica para esos atletas que, sin levantar una copa, influenciaron la vida de muchos, dejando con su participación una gran lección.
La invitación es imitar lo bueno y desechar lo malo, y recordar que en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
¿Qué historia cuenta tu nombre?
Nuestro nombre es el primer regalo que obtenemos. Para muchos es una tradición familiar heredar el nombre; para otros proviene de un personaje que se admira; en otros casos, simplemente nace de la creatividad, quizá por su significado cultural o porque parecía lindo y poco común. Cada nombre tiene un origen, una historia que escuchamos desde pequeños. Con el paso del tiempo, adquiere un valor significativo; construimos nuestra propia historia y el nombre cobra otro sentido.
Mi nombre inicia con la letra “C”, y la historia que escuché desde niña es que a mi mamá le gustaba Carol, después de conocer a una persona con ese nombre y le pareció bonito; Cecilia, variante femenina, por mi abuelo Cecilio, Q. E. P. D. El objetivo de mis padres era tener cuatro C en mis iniciales. Ya de grande, en alguna tarea de la escuela, busqué el significado en internet, con el cual me sentí muy identificada: Carol, mujer fuerte y valiente, pero también adquiere connotación de alegría, según algunas fuentes.
Tu nombre cuenta una historia; puedes encontrar un significado o simplemente darle un sentido distinto según tus decisiones, valores y la manera en la que estás viviendo. Cuando a veces sentimos que hemos perdido el rumbo y no encontramos la respuesta a la pregunta «¿Quién soy?», te sugiero poner en práctica un ejercicio sencillo, pero muy intencional, para reconectar contigo: crea un acrónimo con tu nombre. Cada letra representa una de tus fortalezas, cualidades o un valor que te representa.
Tu nombre no es solo una palabra que aparece en tus documentos; es la identidad de la persona que eliges construir cada día. Te presentas con tu nombre, te identifican por la persona que proyectas ser. Entonces, ¿qué historia cuenta tu nombre? Recuerda que, en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen

















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