Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)
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Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.
La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.
Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala.
Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.
Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.
Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:
Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.
Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.
≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.
Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.
Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.
Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:
—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.
Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.
Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.
Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.
Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.
Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.
—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.
—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.
Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.
Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.
El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.
Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.
Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.
La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.
La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.
En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció:
—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.
—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.
—¿Acaso lo conocía?
—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.
Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.
Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:
—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.
De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.
Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.
Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.
SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónLiteratura
Un fin de semana para visitar la FILXela
La feria está en su mejor momento. Inicia un fin de semana propicio para tener un encuentro con la imaginación que proponen los libros.
Este fin de semana, hasta el domingo 7 de junio, se realiza en Xela la novena edición de la Feria Internacional del Libro en Xela (FILXela), que reúne en el Parque Intercultural, o Centro Intercultural de la zona 3 de Quetzaltenango, a las editoriales de Guatemala con conversatorios, presentaciones artísticas, talleres, homenajes y, por supuesto, venta de ejemplares,
Nueve años dándole visibilidad a la literatura en Quetzaltenango es un gran logro, y felicito a los organizadores por tantos años de perseverar en el arte de la palabra escrita y la lectura.
En la FILXela hay muchos escritores locales que exponen sus obras y es un buen momento para apreciar su trabajo, publicado con mucha dedicación y disciplina. Personalmente, les deseo lo mejor a mis amigos del Club de Poesía Casa Los Altos, que vuelven a presentarse con su stand en esta cita que ya es imperdible para los amantes de los libros cada año.
A propósito, la FILXela reconoce en cada edición una trayectoria destacada. Este año, el homenajeado es Julio Serrano Echeverría, escritor originario de Quetzaltenango con más de 25 años de experiencia en el mundo de las letras. Felicidades para él por ser un estandarte de esta forma de expresión, conocimiento y búsqueda de la verdad que se llama leer y escribir.
La feria está en su mejor momento. Inicia un fin de semana propicio para tener un encuentro con la imaginación que proponen los libros.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónFILXela
Empezaron a circular los vehículos electoreros
Cuando aún falta mucho tiempo para que el Tribunal Supremo Electoral —TSE— convoque a elecciones generales, los propietarios, franquiciadores, concesionarios y arrendadores de los vehículos electoreros, ya empezaron —desde hace algunas semanas— a hacer “su” campaña politiquera; perdone, dije politiquera, porque de institución política, no tienen absolutamente nada.
Ojalá, con la aprobación de los dos decretos —15-2026 y 16-2026— el tribunal SUPREMO al fin se amarre los pantalones y haga cumplir la ley, recientemente en una reunión con representantes de estos vehículos electoreros, se hizo del conocimiento que hay más de 120 denuncias de campaña anticipada, la ciudadanía de a pie, ya conocemos quienes son los infractores, siempre lo han hecho y sin duda, mientras el TSE lo permita, lo seguirán haciendo, entre ellos están: Roberto Arzú, Carlos Pineda, Zury Rios, Sebastián Siero, Javier Gramajo, Marvin Zepeda, Wilton Berreondo, incluso, el comité pro formación Raíces, lo raro es que no aparece la eterna candidata a la presidencia, porque, a decir verdad, ella, mandó a tapizar el territorio de Guatemala, con sendas vallas que cuestan un ojo de la cara, señores del TSE, estrenen la Ley Integral contra el Lavado de Dinero u Otros Activos y el Financiamiento del Terrorismo —Dto. 15-2026—, les quedará como anillo al dedo y le harán un enorme favor a la democracia y de paso, justificarán esos milloncitos que fueron añadidos a su presupuesto.
A ese respecto, al mejor estilo de la política guatemalteca, vemos a estos personajes en vehículos nuevos, rehusados, chapuceados, retocados, repintados, jamás destartalados porque no se verían bien así, pero todos o casi todos conducidos por las mismas personas. En verdad, qué vergüenza da ver a estas personas, sin ética, sin escrúpulos, falsos, demagogos, siempre pensando en el beneficio personal.
¿Quién en su sano juicio —frase coloquial de nuestras abuelitas— toma decisiones absurdas y hasta insultantes a nuestra lógica? Les dejo algunas decisiones de estos politiqueros: Manuel Conde Orellana, siendo secretario general del partido PAN —EPD el partido—, fue candidato a la presidencia con el partido VAMOS; la señora Zury Ríos, candidata del partido VALOR y presidenta del Comité Ejecutivo de ese partido, oficializa su incorporación al partido Unionista; Carlos Pineda mandó hacer su partido SERVIR y está manejando su vehículo con mucho placer; Aldo Dávila del partido VOS anuncia su retiro de dicho partido; sin duda, aparecerá en algunos días con otro vehículo electorero.
Es asombroso el nivel de desfachatez. El Sr. Miguel Ovalle, diputado de Quetzaltenango con la UNE, según sus propias palabras, le están “ofreciendo” la segunda casilla, pero él quiere la primera casilla. En ese orden de ideas dice: “Yo tengo ahorita ficha libre”. —¿En qué cosa barata han convertido estas personas la política? Estamos urgidos de verdaderos políticos, es decir, de personas que se afanen por el bien común, que el poder que el pueblo les ha concedido sea para mejorar la calidad de vida de ese pueblo, garantizar la paz y justicia social, igualdad y equidad de oportunidades; sobre todo, nos urge que se resuelvan nuestros problemas colectivos, pero con transparencia y ética. Pregunto: ¿Cuánto cuesta servir a la ciudadanía y no servirse de ella?
Otro diputado distrital, Duay Martínez, quien llegó al Congreso de la República de la mano del partido VAMOS, según las malas lenguas, será parte estratégica de la UNE en Quetzaltenango.
En fin, politiqueros por acá, politiqueros por allá haciendo campaña anticipada a su sabor y antojo y el TSE terminando de acomodarse después de más de dos meses en el puesto; pienso que, con todas las herramientas electrónicas disponibles en el espacio cibernético, incluida la IA, el ente rector electoral debe poner un alto a estos abusos, y que el movimiento histórico de resistencia del año 2023, liderado por los pueblos ancestrales e indígenas, sigue sentando precedentes estructurales, sociales y jurídicos.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
Cuando las lágrimas hablan: la ciencia de llorar y de sanar
Las lágrimas tienen la capacidad de desarmar defensas que la lógica no logra atravesar.
Vivimos en una sociedad que nos enseñó a contener las lágrimas. Desde pequeños escuchamos frases como: "No llores", "Sé fuerte", "No es para tanto". Sin embargo, nuestro cuerpo parece tener una opinión muy diferente. La naturaleza nos dotó de una capacidad extraordinaria: llorar. Las lágrimas son mucho más que gotas de agua que recorren el rostro. Son una forma de comunicación, una herramienta biológica de regulación emocional y, en muchos casos, el primer paso hacia la sanación.
La ciencia ha identificado tres tipos de lágrimas. Las primeras son las lágrimas basales, que mantienen húmeda y protegida la superficie ocular. Las segundas son las lágrimas reflejas, que aparecen cuando algo irrita los ojos, como el humo, el polvo o una cebolla recién cortada. Las terceras son las más fascinantes: las lágrimas emocionales, aquellas que nacen de la tristeza, la alegría, la impotencia, el amor o incluso la gratitud. El bioquímico estadounidense William Frey II, pionero en el estudio científico del llanto, encontró que las lágrimas emocionales contienen mayores concentraciones de proteínas, hormonas y otras sustancias que parecen participar en mecanismos de regulación emocional.
Diversos estudios en psicología han observado que muchas personas reportan una sensación de alivio después de llorar. Es decir, después de la tormenta emocional, el cuerpo comienza lentamente a encontrar nuevamente el equilibrio. Cuando una persona llora frente a alguien de confianza, envía una señal inequívoca de vulnerabilidad. Esa vulnerabilidad tiene el potencial de despertar empatía, cercanía y protección en quienes la rodean. En términos evolutivos, las lágrimas pueden entenderse como un lenguaje silencioso que comunica: "Necesito comprensión", "Estoy sufriendo" o "Necesito ayuda".
En la consulta médica y sexológica he observado muchas veces cómo matrimonios que llevaban años discutiendo sin encontrarse realmente, logran abrir una puerta distinta cuando uno de los dos deja de argumentar y comienza simplemente a expresar su dolor. No son las palabras perfectas las que transforman una relación; muchas veces son las emociones auténticas. Las lágrimas tienen la capacidad de desarmar defensas que la lógica no logra atravesar. Llorar juntos no resuelve automáticamente los problemas, pero crea un espacio emocional donde las soluciones pueden comenzar a construirse.
Algunas veces las lágrimas no anuncian una derrota. A veces anuncian el inicio de la sanación.
La Voz de Xela
OpiniónMedicina
No solo existe la violencia física
Recomiendo que, si conocemos a alguna persona que sufre cualquier tipo de violencia, seamos la persona en la que pueda refugiarse.
Cuando se habla de violencia, rápidamente pensamos en los golpes, los moretones y las lesiones visibles; también rápidamente se asocia a mujeres golpeadas por su pareja o a familias en donde los menores de edad también sufren lesiones físicas. Pero no es el único tipo de violencia que existe; también está la violencia psicológica.
La violencia psicológica es igual o más dañina que la física, y se diferencia porque las heridas no pueden verse, pero estas pueden afectar la autoestima y la salud mental de la persona que la está viviendo, repercutiendo en el futuro. La violencia psicológica se manifiesta desde acciones donde se humilla a la otra persona, por medio de insultos, críticas constantes, manipulación y/o desvalorización.
Normalmente se manifiesta con burlas, desvalorización de la otra persona, críticas constantes, amenazas, chantajes y cualquier comentario hiriente. También se manifiesta cuando se ignora a la otra persona aplicando la “ley de hielo”, al aislar a la víctima socialmente o invalidar los sentimientos de la otra persona.
La violencia psicológica se manifiesta inicialmente con comentarios pasivo-agresivos que parecen una mala broma, y estos comentarios van siendo más agresivos de forma gradual, hasta deteriorar la seguridad de la otra persona. Frases como: “no sirves para nada”, “todo es tu culpa”, “estás exagerando”, “ya vas a llorar de nuevo”, “a nadie le importas” y muchas otras parecen inofensivas, pero cuando son recurrentes afectan emocionalmente a la víctima y, aunque parezcan comentarios sencillos, generan consecuencias graves.
Las consecuencias psicológicas de este tipo de actos pueden ser tan graves como la violencia física. Las víctimas suelen presentar ansiedad, depresión, sentimientos de culpa, miedo, inseguridad, aislamiento y dificultades para tomar decisiones. En algunos casos, desarrollan síntomas físicos como insomnio, ataques de ansiedad, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales o fatiga constante.
Muchas personas normalizan estas situaciones y hasta justifican a su agresor. Normalizar esas conductas proviene de haber crecido de esta forma, viéndolo con normalidad, y en otras ocasiones argumentando que su agresor ha sufrido mucho y que por eso es así; entonces, el agresor se convierte en la víctima.
Recomiendo que, si conocemos a alguna persona que sufre cualquier tipo de violencia, seamos la persona en la que pueda refugiarse; abrirle los ojos y recomendarle que asista a terapia para superar todas estas acciones es parte de un proceso para salvarse de esto, que también es un tipo de agresión.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
Construir el futuro, hoy
Las nuevas tecnologías están transformando la manera de diseñar, construir y gestionar espacios.
Guatemala vive un momento decisivo para el sector de la construcción, el diseño y la innovación. Además de levantar edificios, hoy el desafío consiste en crear espacios que respondan a las necesidades de las personas, protejan el medio ambiente y, al mismo tiempo, sean económicamente viables.
En el foro que moderé hoy, por invitación de Expo Decorabaños, “Tendencia, sostenibilidad y rentabilidad: En el futuro de la construcción y espacios modernos”, lancé una pregunta fundamental: ¿cómo construiremos el país que queremos heredar a las próximas generaciones? La respuesta no puede limitarse únicamente al costo de una obra o a su apariencia. Debe incluir eficiencia, funcionalidad, calidad de vida y visión de largo plazo.
La sostenibilidad ya no es una moda. Es una necesidad. Los proyectos modernos deben incorporar materiales innovadores, optimizar recursos y reducir su impacto ambiental. Sin embargo, también es importante derribar el mito de que construir de manera sostenible es necesariamente más caro. Cada vez existen más ejemplos que demuestran que una inversión inteligente en diseño, tecnología y planificación genera ahorros significativos y mayor valor en el tiempo.
Otro aspecto clave es la innovación. Las nuevas tecnologías están transformando la manera de diseñar, construir y gestionar espacios. Quienes comprendan estos cambios y se adapten a ellos tendrán una ventaja competitiva en un mercado cada vez más exigente.
Pero quizá el elemento más importante siga siendo el talento humano. Los profesionales que liderarán el sector en la próxima década deberán combinar conocimientos técnicos con creatividad, capacidad de adaptación y una visión integral del desarrollo.
El futuro de la construcción en Guatemala no depende únicamente de arquitectos, ingenieros o desarrolladores. Es una responsabilidad compartida. Las decisiones que tomemos hoy definirán las ciudades, comunidades y espacios donde vivirán nuestras familias mañana. Construir mejor es, en esencia, construir un mejor futuro para todos.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónFuturo
Aumento en el consumo de productos de contrabando
El problema también tiene implicaciones para el Estado pues se desconoce el monto de los productos que ingresan sin control y sin pagar los tributos correspondientes.
Vilma del Rosario Xicará
Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.
Empresarios, profesionales y la familia: el verdadero éxito
Que cada contrato firmado, cada proyecto realizado y cada meta alcanzada tenga siempre un propósito mayor: honrar a Dios y fortalecer a la familia.
En un mundo donde los negocios, las responsabilidades profesionales y las metas personales ocupan gran parte de nuestro tiempo, existe una verdad que nunca debe olvidarse: ningún éxito tiene verdadero valor si se alcanza a costa de la familia.
Los empresarios y profesionales suelen enfrentar grandes desafíos, largas jornadas y decisiones importantes. Sin embargo, el hogar sigue siendo el lugar donde encontramos amor, apoyo y propósito. Construir una empresa sólida es admirable, pero construir una familia unida es una de las mayores bendiciones que Dios nos concede.
El equilibrio no consiste en elegir entre la familia o el trabajo, sino en aprender a prosperar en ambos ámbitos. Los negocios pueden crecer sin abandonar a quienes más amamos, y la familia puede fortalecerse cuando recibe tiempo, atención y afecto genuino.
La Palabra de Dios nos recuerda:
"Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!" (Eclesiastés 4:9-10, DHH).
También nos enseña:
"Encomienda al Señor tus acciones, y tus pensamientos se harán realidad." (Proverbios 16:3, DHH).
Que cada contrato firmado, cada proyecto realizado y cada meta alcanzada tenga siempre un propósito mayor: honrar a Dios y fortalecer a la familia.
Porque al final de la vida, las personas que se sentarán junto a nosotros no serán nuestros clientes ni nuestras cuentas bancarias, sino aquellos seres queridos que caminaron a nuestro lado y compartieron nuestro amor.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión
¿Cómo lograr una imagen integral?
Somos la suma de hábitos, ideas, formas de comunicar, toma de decisiones y acciones. Hace 8 años desarrollé una estrategia que pudiera ser de ayuda para las mujeres que, después de atravesar diversas situaciones emocionales, sentían que algo ya no conectaba con su imagen personal. El poder de tu imagen surge de analizar aquellos aspectos que influyen en el día a día y en mostrar una mejor versión a través del aprendizaje y hábitos de mejora, considerando 5 pasos importantes:
1. Meditar: tomar unos minutos al día para reflexionar sobre lo que estamos viviendo, haciendo, lo que sentimos y agradecemos. Desde la parte espiritual, independientemente de nuestras creencias, reforzar el espíritu es necesario.
2. Hacer ejercicio: mantenerse en movimiento a través de la rutina que más se adecue a tu vida mejora la calidad de vida, la energía y la salud.
3. limentación saludable y sostenible: sin restricciones o dietas específicas, ser consciente del tiempo en cada comida, disfrutar y elegir los alimentos que te nutren y hacen sentir bien.
4. Autenticidad y afirmaciones. ¿Quién soy? Las palabras con las que te hablas y repites constantemente en tu mente. Muchas veces llega el autosaboteo y los pensamientos intrusivos, pero estructurar con intención y amor la forma en la que te hablas hace la diferencia.
5. Arreglo personal: es la coherencia en todo; es cuidar cada detalle de tu imagen: el cabello, la piel, las prendas y colores que eliges, el perfume, los accesorios complementarios. Todo cuenta si proyectas desde tu interior.
Claro que hay días en los que no nos sentimos del todo bien, pero tomar la decisión de priorizarte y cuidar de ti es un paso hacia adelante. Recuerda que, en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
El Espíritu Santo abre fronteras
Con la solemnidad de Pentecostés termina el tiempo pascual. El Señor Jesús nos envía desde el Padre el don de su Espíritu: el Espíritu Santo que los profetas anunciaron y Cristo nos prometió; el Espíritu Santo que dio a la Iglesia naciente su primer impulso y constantemente actúa en ella. El Espíritu Santo que nos da el convencimiento de la fe y nos congrega en la unidad; que llena el universo con su presencia y promueve la verdad, la bondad y la belleza; que alienta en la humanidad la firme esperanza de una tierra nueva.
El día de Pentecostés los discípulos estaban reunidos como en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo. Entonces aparecieron lenguas de fuego que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse, (Hch 2, 1-11). También nosotros cada día tenemos la oportunidad de hablar de las maravillas que Dios ha hecho y sigue haciendo por nosotros todos los días.
Nunca es tarde para proclamar: Si retiras tu aliento toda criatura muere y vuelve al polvo. Pero envías tu Espíritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra (Sal 103). El Espíritu Santo quiere renovarme y renovar a mi familia. Por lo tanto, deje que el Espíritu Santo renueve su manera de pensar, sentir y actuar.
San Pablo nos recuerda que “hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. Todos: judíos y no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo”, (1Co 12, 3-7. 12-13). En la Iglesia, en la sociedad y en nuestras familias, hay diferentes dones, hay diferentes servicios, hay diferentes actividades, pero el Espíritu es el mismo. Este Espíritu nos pide trabajar juntos, en unidad y en paz.
Después de decir: “La paz esté con ustedes”, Jesús sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”, (Jn 20, 19-23). Al recordarnos esto, Jesús nos está dando los siete dones del Espíritu Santo:
El don de sabiduría para poder disfrutar y deleitar la grandeza de Dios en nuestra vida. Nos ayuda a tomar buenas decisiones y no arrepentirnos después. Este don nos permite entender lo que favorece y no favorece ese proyecto de Dios en mi vida.
El temor de Dios lo necesitamos para evitar el pecado y que, dondequiera que estemos, nos acordemos siempre de ese Dios que quiere lo mejor para nosotros.
El don del entendimiento sirve para entender, con la ayuda de la fe y la razón, las cosas que no comprendemos en nuestra vida. Este don hace que nosotros aceptemos las verdades reveladas por Dios y que no nos compliquemos la vida.
El don de ciencia es indispensable para hacer la voluntad de Dios en nuestra vida. En todo lo que hagamos, siempre busquemos hacer lo que Dios quiere y no lo que nosotros queremos.
El don de consejo sirve para poder escuchar, a través de las voces de otras personas, la voz de Dios.
El don de fortaleza nos sirve para hacer la voluntad de Dios, aunque nos cueste. Este don nos hace fuertes y valientes ante las adversidades.
El don de piedad nos sirve para estar siempre accesibles a la voluntad de Dios. Nos permite actuar según la voluntad de Dios, según Jesús actuaría.
Que el Espíritu Santo abra las fronteras de nuestra vida personal, de nuestras relaciones humanas y de las naciones de todo el mundo.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.










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