Una experiencia de gratitud
Cada inicio de mes me propongo trabajar un reto con un grupo de mujeres. Llevamos algunos meses cuidando nuestra imagen de manera integral. Este inicio de septiembre me inspiré en un libro, “El poder de la gratitud”, de Marc Reklau. El reto consistía en compartir siete días de actividades y lectura, reflexionando sobre esos instantes de gratitud. La experiencia fue maravillosa, finalizamos ayer y quiero compartirte algunas cosas que llenaron mi corazón.
· Podemos elegir la manera en que decidimos mirar lo que nos sucede: queremos resultados rápidos, que todo sea perfecto, que la respuesta siempre sea favorecedora. Pero hay lecciones que aprender y agradecer en los procesos de prueba.
· Si no tienes cinco minutos al día para ti, no tienes vida. Esta es una frase de Tony Robbins. Hacemos tiempo para todo, menos para nosotros mismos. Cinco minutos, diez minutos, pueden hacer la diferencia en ser conscientes del lugar donde pertenecemos, la vida que tenemos y lo agradecidos que estamos por ello.
· Perdonar y soltar: escuchamos y leemos mucho al respecto. Llevarlo a la práctica puede ser difícil, mas no imposible. Para avanzar, el perdón es crucial en tu camino; tomar la decisión será de bendición para tu vida.
· La gratitud es un hábito que podemos fortalecer: entrena la atención hacia lo positivo, reconoce la bondad de las personas, sé consciente de un cuerpo que nos permite movernos, una conversación, una oportunidad, la familia, la salud, observa las pequeñas cosas que a veces solo se agradecen en automático.
La gratitud nos ayuda a entender que, incluso en medio de situaciones difíciles, siempre existirá una razón para agradecer. Durante el reto aprendí a ser más consciente de lo que debo agradecer. Quizá hoy ya cuentas con aquellas cosas con las que hace unos años solo soñabas.
¿Tú qué agradeces hoy?
Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
Vivir en libertad es conocer a Jesús
El día de mañana se conmemoran 205 años de la firma del acta de Independencia y, aunque ser independiente significa que nuestro país mantiene un estatus de país soberano, con un gobierno organizado en tres poderes que garantizan los derechos y la libertad de los ciudadanos, es una vaga realidad porque un buen porcentaje de ciudadanos no gozan de libertad y menos de derechos debido a la corrupción administrativa de personas que, al llegar al poder, en lo que menos piensan es en los intereses de una nación, sino en los intereses propios.
Pero estas líneas y este espacio no son para resaltar las desventajas, carencias, hablar de cosas malas y tristes que suceden en nuestro país a diario o hablar de las limitaciones que nos superan para ser un país verdaderamente libre, sino para resaltar todas aquellas cosas buenas que nos hacen sentir bendecidos y orgullosos de ser guatemaltecos.
Su gente, en su diversidad externa y diferente en pensamiento, es de las personas generosas, dadivosas, amables, alegres. Aunque critiquen mi opinión o criterio, sin importar el credo o religión que se tenga, siempre los guatemaltecos dan un lugar especial a Dios en actividades, proyectos o metas, lo que nos hace ser una nación diferente y, en ese sentido, somos merecedores de 100 puntos.
La Biblia, en Juan 8:32, habla de libertad: “Conoceréis la verdad y la verdad los hará libres”, pero conocer a alguien implica hablar, comunicarse y estar con una persona, porque conocer es averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las personas y cosas. Dios desea una relación directa con el hombre, sin intermediarios, sin autoridades eclesiásticas, sin puntos estratégicos donde encontrarlo. Sin desestimar todas estas cosas, Dios está interesado en que lo conozcamos.
“Conocer a Jesús es el paso único y esencial para vivir una vida libre y abundante, a diferencia de cualquier relación, sea familiar, amigable, laboral o amorosa, esta relación sí llenará todas las expectativas y será una relación que durará para la eternidad.”
Feliz Día de la Independencia. Que Dios bendiga a Guatemala. Recuerde que en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
Recupere la vigilancia interior
“A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel” (Ez 33, 7-9). Un centinela es un soldado o una persona que vigila un lugar desde un puesto fijo, para protegerlo y dar la alarma si detecta algún peligro (IA). En la Biblia, un centinela es un guardia apostado en las murallas para dar la alarma ante un peligro. Espiritualmente, representa el llamado de Dios para advertir a las personas sobre el pecado.
El centinela, entonces, es alguien que está despierto para vigilar constantemente. Es una persona que advierte con tiempo los peligros que uno corre cuando se está alejando de Dios. En este sentido, un obispo es el centinela de la diócesis; en una parroquia, el párroco es el centinela de la parroquia; en una familia, los padres son los centinelas de su familia, etc.
El cardenal Parolín, secretario de Estado del Vaticano, nos dijo el 3 de agosto pasado: “El centinela es el responsable de quienes están bajo nuestro cuidado. Lo mismo nosotros (el sacerdote), cuida y protege al pueblo de Dios. Una tentación es dejar de ser centinelas y dedicarnos a ser administradores. Hay que recuperar la vigilancia interior ante el ruido del mundo; para esto es importante la oración. Sólo en la intimidad con el Señor lograremos la luz para desempeñar nuestro ministerio. Dios está atento a la oración de sus sacerdotes. Trabaja y sufre por ellos. Él bendecirá nuestras lágrimas. Él lo ve todo y lo cuenta todo”.
En el caso de ustedes como laicos, sean centinelas extraordinarios de lo o los que tienen a su cuidado. Jesús sufre con ustedes y Él recompensará ese rol vigilante de su matrimonio, de su trabajo y de su familia. Todos nosotros somos centinelas de esta parroquia. Cuidarla y vigilarla es responsabilidad de todos.
En Rm 13, 8-10, San Pablo nos dice: “No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo ha cumplido toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: no cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás, y todos los otros se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El amor parte de nosotros. No puedo amar a Dios y amar al prójimo si no me amo. Si no nos amamos, viviremos mal, amargados y frustrados y culpando a todo mundo. Recordemos que el que se ama mucho es feliz y no fastidia la vida de los otros. Es importante tener amor propio del bueno. Porque una visión negativa de nosotros mismos es la causa de que aparezcan “trastornos psicológicos como las fobias, depresión, estrés, ansiedad, inseguridad personal, alteraciones psicosomáticas, problemas de pareja, bajo rendimiento académico y laboral, abuso de sustancias, problemas de imagen corporal, incapacidad de regular emociones, etc.” (Walter Riso).
En conclusión, considero que la función de centinela tenemos que comenzar a ponerla en práctica con nosotros mismos, es decir, cada uno debe ser centinela de su propia vida y controlar quién entra y quién sale de su casa, que es su cuerpo. Y esta función de vigilancia hay que hacerla con amor. Por lo tanto, sé centinela de su pareja, de su matrimonio, de su empresa, con amor. El amor permite estar atentos siempre a la voluntad de Dios en nuestras vidas.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Otra vez, subsidio
El conflicto en el Medio Oriente está ocasionando serios problemas a las economías de casi todos los países, especialmente los latinoamericanos y más aún a países como Guatemala. Este conflicto tiene un objetivo: disponibilidad del oro negro —petróleo—. Entonces, no debemos perdernos: los incrementos al combustible en Guatemala son básica y principalmente geopolíticos.
Muy bien, es geopolítico, pero ¿y por qué entonces en Guatemala el incremento del combustible es abusivo y no hay poder humano que pueda o quiera investigar el verdadero costo que deben tener los importadores para ponerlo en Guatemala? Como ciudadano de a pie, pregunto: ¿el gobierno —Ejecutivo— tiene la capacidad técnica y legal para conocer el costo real de importación de esta mercancía que se llama combustible? Al final del día, esta mercancía —combustible— se ha constituido como un bien casi indispensable para mover la cadena económica del país, porque es la materia prima del transporte de carga, de pasajeros, etc., y todos sabemos de sobra que el transporte es un servicio esencial; entonces, ¿por qué jodidos —coloquialmente hablando— ni el gobierno central ni los famosos y costosos diputados hacen nada al respecto? ¡Señores diputados, señor gobierno, está prohibido constitucionalmente el monopolio!
Históricamente, el gobierno —Ejecutivo— siempre se va por las ramas, es decir, para solucionar este problema utiliza mecanismos de solución prácticos, fáciles, yo diría, serviles a los intereses del gran capital, en este caso, de tres comerciantes, negociantes, empresarios o importadores, pues. Señor gobierno, señores diputados, ¿por qué otra vez subsidio? No importa el mecanismo o nombre utilizado: subsidio directo, subsidio por medio de precios tope, el nombre que se les ocurra, siempre será nuestro dinero para darle a las importadoras o para contrarrestar los abusos de las importadoras.
No sé con exactitud cuánto dinero se ha gastado en subsidios, pero en los dos últimos gobiernos han sido más o menos 6 mil millones de quetzales. Estimado lector, ¿permitiremos que sigan malgastando nuestro dinero para subsidiar las causas y/o efectos de los desmanes y abusos de tres importadoras?
Señor gobierno —Ejecutivo—, reitero, con 18 o 20 personas que actualmente hay en la Dirección General de Hidrocarburos —DGH—, dependencia del Ministerio de Energía y Minas —MEM—, para salir a la calle a fiscalizar, supervisar, etc., tres cosas fundamentales para el consumidor final: precio, calidad y cantidad de combustible en las más de 1500 gasolineras en todo el país. Señor gobierno, usted tiene la posibilidad histórica de hacerle frente a este mal endémico. Para empezar, contrate, por lo menos, mil personas para este trabajo o, en el mejor de los casos, utilice inteligencia artificial —IA—.
Ahora bien, para los ilustres y honorables diputados —el 99 %—, les digo: “Te estoy hablando a ti” —esta es una frase de la famosa canción que escribió el Sr. Manuel Eduardo Toscano, en el contexto de la vivencia política de los años 90 en México y que catapultó a la famosa cantante Paquita la del Barrio; por favor, recomiendo que lean ese contexto—. No es posible semejante desfachatez politiquera, no hay peor sinvergüenzada vivida que, sin mayor tiempo y análisis técnico, económico, moral, etc., se autorrecetaron un aumento de su salario en 127 %, mientras se han pasado más de cinco meses y no han querido ni siquiera agendar la iniciativa que permite reformar el Dto. 109-97, Ley de Comercialización de Hidrocarburos. Quizá no sea la salvación para detener por completo el alza constante del combustible, pero sí sería una herramienta legal para controlar y multar los atropellos de estas tres importadoras.
Diputados, no más show politiquero. En estos 15 meses que les quedan —estoy casi seguro de que ustedes no serán reelegidos—, hagan realidad los tres primeros artículos de la CPRG; nuevamente: “Te estoy hablando a ti”.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
¿Cómo afrontar una crisis de ansiedad?
Aunque muchas veces la persona no le encuentra explicación a la crisis, es importante que logre identificar qué está provocando esta situación.
La ansiedad puede definirse como una situación normal, de mecanismo de defensa natural del cuerpo, que se activa cuando la persona se encuentra en una situación de peligro o amenaza. Este proceso puede empeorar y convertirse en un trastorno de ansiedad, y este ocurre cuando el estado de alerta es excesivo y que interfiere con las actividades comunes de la vida diaria, también afecta cuando las situaciones que afronta no presentan un peligro inmediato.
Una crisis de ansiedad puede comenzar en cuestión de minutos. El corazón se acelera, la respiración cambia, se siente presión en el pecho, sudoración, mareo, temblores y una sensación de que algo va a suceder. Las personas que experimentan estos síntomas pueden confundir esta sensación con un infarto.
Esta crisis puede estar relacionada con estrés acumulado, preocupaciones constantes, experiencias difíciles, cambios importantes, conflictos personales, conflictos laborales, falta de descanso; y su manifestación es cuando la persona ha llegado a su límite. Aunque muchas veces la persona no le encuentra explicación a la crisis, es importante que logre identificar qué está provocando esta situación.
Cuando esta crisis está ocurriendo, es importante reconocer que está viviendo una situación que lo desata, buscar un lugar seguro, sobre todo donde pueda sentarse, intentar respirar de manera lenta y suave, dirigir su atención hacia el entorno, identificar objetos, sentir todas las partes de su cuerpo y, si alguien está cerca, pedir compañía. Estas tácticas ayudan a regresar progresivamente al presente.
Es importante mencionar que estos síntomas no siempre están relacionados a una crisis de ansiedad, especialmente se debe tomar en cuenta que estos síntomas con mayor intensidad, como dolor importante en el pecho, desmayo, confusión, dificultad severa para respirar, son síntomas que indican que se debe buscar atención médica inmediatamente.
Una crisis de ansiedad no es una señal de debilidad, más bien, es una herramienta que el cerebro está desarrollando para que la persona preste atención a la situación. La ansiedad puede sentirse como si estuviera perdiendo el control, pero el objetivo es atravesar el momento con calma y seguridad y luego descubrir y brindarle acompañamiento a la situación que la esté desencadenando, hasta que se encuentra una solución.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPiscología
¿Quién decide cuando decide la inteligencia artificial?
El verdadero desafío no consiste entonces en decidir cuánto poder entregaremos a las máquinas, sino cuánto de nuestra responsabilidad estamos dispuestos a conservar.
Cada día tomamos decisiones acompañados por algoritmos. Nos sugieren qué leer, qué comprar, qué camino seguir y hasta qué palabras utilizar. En ámbitos más sensibles, ayudan a seleccionar candidatos para un empleo, evaluar riesgos, orientar diagnósticos o determinar qué información llegará primero a nuestras pantallas. La comodidad puede hacernos olvidar algo esencial: detrás de cada sistema tecnológico existen decisiones humanas. Alguien definió sus objetivos, seleccionó los datos, estableció criterios y decidió hasta dónde podía llegar su autonomía.
Por eso resulta peligroso decir simplemente: “lo decidió el algoritmo”. La inteligencia artificial puede analizar, recomendar, clasificar, predecir y ejecutar determinadas acciones. No posee conciencia moral ni puede asumir responsabilidad por sus consecuencias. Esa responsabilidad continúa perteneciendo a las personas y a las instituciones que diseñan, implementan y utilizan la tecnología.
El verdadero desafío no consiste entonces en decidir cuánto poder entregaremos a las máquinas, sino cuánto de nuestra responsabilidad estamos dispuestos a conservar. Se trata, por sobre todas las cosas, de preservar nuestra humanidad. Necesitamos mejores tecnologías, sin duda. Pero también líderes capaces de establecer límites, instituciones que expliquen sus decisiones y ciudadanos conscientes de que la eficiencia no puede convertirse en el único criterio para decidir.
La pregunta fundamental no es si una máquina puede hacer algo mejor o más rápido que nosotros, sino si aquello que hace respeta la dignidad de las personas. La inteligencia artificial seguirá avanzando, pero nuestra responsabilidad debe avanzar con ella. Cuando una decisión afecta la vida de una persona, siempre debe existir un ser humano dispuesto a responder por ella. No podemos ser simples espectadores de esta transformación. Debemos utilizar la inteligencia artificial sin renunciar al criterio, la responsabilidad y la empatía que nos hacen humanos. La tecnología puede ayudarnos a decidir, pero nunca sustituir nuestro compromiso con los demás.
Luis Felipe Polo
OpiniónInteligencia Artificial
Libertad del miedo al fracaso
La fe permite avanzar cuando, después de haber evaluado lo que está a nuestro alcance, todavía no podemos controlar el resultado.
En el artículo anterior hablamos de una libertad que comienza en la mente. Esta semana damos un paso más: ¿qué ocurre cuando nuestros pensamientos están dominados por el miedo a fracasar?
Para muchos empresarios y profesionales, el fracaso no es solamente perder dinero. Es perder prestigio, credibilidad, posición, clientes o la imagen de persona exitosa que durante años han construido.
Por eso algunos prefieren no intentar antes que equivocarse.
Hay profesionales que no aceptan nuevos desafíos porque temen no estar a la altura. Empresarios que no toman decisiones necesarias porque imaginan el peor escenario. Personas con grandes capacidades que permanecen inmóviles porque confunden prudencia con miedo.
Pero existe una diferencia.
La prudencia analiza los riesgos. El miedo nos paraliza.
La Biblia dice: “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo”(Deuteronomio 31:6).
No significa que una persona de fe nunca sienta temor. Significa que el temor no tiene que convertirse en el jefe de nuestras decisiones.
Pedro caminó sobre el agua mientras mantuvo sus ojos en Jesús; cuando concentró su atención en el viento y las circunstancias, comenzó a hundirse. La historia contiene una lección empresarial y profesional sorprendentemente actual: aquello en lo que concentramos nuestra atención puede determinar cómo respondemos ante la crisis.
Pablo escribió: “Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).
La fe no elimina la planificación, los presupuestos, los análisis de riesgo ni la responsabilidad. Tampoco significa tomar decisiones irresponsables esperando que Dios resuelva las consecuencias.
La fe permite avanzar cuando, después de haber evaluado lo que está a nuestro alcance, todavía no podemos controlar el resultado.
Y hay otra verdad que puede cambiar nuestra relación con el fracaso: “Aunque siete veces cayere el justo, volverá a levantarse” (Proverbios 24:16).
Caerse no siempre significa fracasar definitivamente. A veces significa aprender. Otras veces significa corregir el rumbo. Y en determinadas ocasiones significa aceptar que una etapa terminó para comenzar otra.
Quizá hoy alguien esté leyendo estas líneas después de haber perdido un negocio, un empleo, una inversión o una oportunidad. No convierta un resultado adverso en una sentencia sobre su valor como persona.
Usted puede haber cometido un error sin ser un error. Puede haber perdido un negocio sin haber perdido su propósito.
La libertad también consiste en poder levantarnos.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión
Trabaje y venza los miedos
Recientemente escuché una historia de un creador de contenido. Él compartía emotivamente la bella experiencia de haber surfeado, haciendo referencia a que de niño tuvo un pésimo episodio en una piscina: prácticamente se iba a ahogar. Por esa razón no se animaba a entrar en aguas profundas, no porque no supiera nadar, sino porque el solo hecho de pensarlo le causaba pánico o se sentía inseguro. Pero lo que más llamó mi atención fue su conclusión: “Durante tantísimos años yo dejé que un evento del pasado escogiera por mí, pero yo ya no soy ese niño de 6 años, yo ya no tengo las mismas herramientas ni el mismo cuerpo, es otra realidad totalmente diferente; entonces, ¿cómo yo voy a dejar que un evento del pasado siga escogiendo por la persona que yo soy ahora?”, expresando para terminar su felicidad, agradecimiento y liberación.
Al terminar de escucharlo, terminé llorando tal como él lo hizo, haciéndome pensar que en realidad todos en la vida hemos sufrido de malas experiencias, ya sea en la niñez, la adolescencia o en cualquier etapa de la vida. En algunos casos puede ser que las experiencias sean más extremas, en otros simplemente malas, pero que aún siguen resonando, acusándonos, paralizándonos o limitándonos. Sin desestimar lo que haya vivido o experimentado en su vida, quiero animarlo a trabajar y vencer esos miedos.
La Biblia nos exhorta en Isaías 43:18 a “no recordar ni a pensar en las cosas del pasado”, afirmando seguidamente que hay cosas nuevas por delante.
Así es que esta semana le invito a que “trabaje y venza los miedos, permitiendo que la persona que usted es hoy en día lo libere de malas experiencias del pasado”. Recuerde que en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
¿Tu imagen comunica quién eres hoy?
La versión de ti actualmente cuenta una historia distinta a la de hace 5 años. Evolucionamos a través del aprendizaje, los desafíos y las decisiones que tomamos. Cuando estás frente a tu clóset, llega invasivamente el pensamiento: “no tengo nada que ponerme”. Quizá la respuesta no está inclinada a la falta de ropa, quizá el clóset sigue hablando de una versión tuya que ya no existe. Te comparto tres señales que pueden indicar que tu imagen no está alcanzando a la persona en la que te estás convirtiendo:
1. Clóset lleno, pero no encuentras prendas que te representen: algunas de esas prendas son las que usabas en tu trabajo anterior, algunas que guardaste porque al comprarlas eran para una ocasión especial, otras que se quedaron ahí por si acaso. No tienes que deshacerte de todo, pero puedes hacer una actualización de estilo y elegir las que más representan tu nueva versión. Revisa tu clóset y haz una revisión a fondo, preguntando: ¿esta prenda representa quién soy o solamente quién fui?
2. Hay equilibrio en tu imagen: un día vistes femenina, otro día deportivo, otro día ejecutivo, otro día no sabes qué ponerte. Es importante elegir un hilo conductor que haga que todas las versiones que quieres usar se sientan auténticas, mantengan detalles en armonía y comuniquen tu estilo y personalidad. Puedes ser profesional, deportiva, casual, sofisticada… sin dejar de reconocerte en cada una de esas versiones.
3. Tu vida evolucionó, pero tu imagen no. Puedes vestir como la persona que estás construyendo, después de iniciar un negocio, asumir un nuevo rol de liderazgo, comenzar un proyecto, convertirte en una versión de ti más segura(o). Lo que piensas, lo que dices, lo que haces y cómo te ves debe ser congruente.
Empieza a proyectar la persona en la que te estás convirtiendo. Tu imagen no tiene por qué esperar a que llegues al final de tus metas, puede acompañarte en cada paso. Recuerda que, en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
Condiciones para seguir a Jesús
“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”, (Mt 16, 21-27). Los cristianos entendemos qué quiere decir Jesús cuando nos invita a su seguimiento. Lo primero que pide a sus discípulos es “renunciar a sí mismos”. Y es que es imposible seguir a Jesús como laicos, consagrados o sacerdotes, si somos incapaces de dejar todo aquello que estorba el proceso de seguimiento. Esa renuncia a sí mismos es una renuncia válida para todos los tipos de vocaciones: solteros, casados o vida consagrada y sacerdotal.
Para que un laico haga bien su trabajo y de verdad ordene las realidades temporales en la sociedad, tiene que renunciar a sus deseos ávaros y concupiscentes. Esa es la razón por la cual Guatemala sigue siendo percibida como uno de los países más corruptos de América Latina. Esto significa que la corrupción es un problema estructural que afecta la justicia, los servicios públicos y las oportunidades para los guatemaltecos. El apego a los bienes materiales es un impedimento para seguir a Jesús.
Pero además de renunciar a las cosas materiales, los cristianos tenemos que renunciar a ese viejo yo para revestirnos de hombres y mujeres nuevos. Hay que renunciar a esos paradigmas pasados de moda y que ya no son útiles en los tiempos actuales. Hay que renunciar a esa mentalidad derrotista, negativa y mediocre que se tiene. Mientras no se renuncie a todo lo negativo, viejo y mediocre que hay dentro de cada uno, difícilmente se construirá una verdadera civilización de amor dentro y fuera de la iglesia y en la sociedad en general.
Una segunda condición para seguir a Jesús es “tomar la cruz”. Todos tenemos en nuestras manos un pedacito de la cruz de Cristo. Cuando padecemos una enfermedad, un accidente, la pérdida de un ser querido o cualquier otra situación que nos genere sufrimiento, estamos participando de la cruz de Cristo. Tomar la cruz significa estar dispuesto a integrar el sufrimiento y el dolor que implica vivir. Cada uno debe estar dispuesto a seguir a Jesús cargando sus propias cruces.
Todos tenemos cruces que llevar, y a veces son muy difíciles: una enfermedad, una infidelidad matrimonial, una decisión importante que haya que tomar. A veces las cruces son muy personales: un vicio, un mal hábito, una dependencia afectiva. Pues con todo esto hay que seguir a Jesús. Hay que anunciarlo con nuestro propio testimonio de vida. La cruz de Jesús era llevar a cabo la voluntad con las consecuencias que este seguimiento implicaba. Y lo mismo para nosotros: cargar la cruz es hacer la voluntad de Dios en nuestra vida. No es nada simple, pero vale la pena intentarlo todos los días.
Una tercera condición del discipulado es “seguir” a Jesús. En la vida religiosa, laical o sacerdotal, hay que aprender el arte de seguir a Jesús en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en los éxitos y fracasos. Seguir a Jesús tiene sus espinas. No todo es color de rosa. Pedro no está de acuerdo en seguir a un Jesús sufriente. Pero seguirlo implica padecer y resucitar.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.






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