Gratitud que se mueve sobre dos ruedas

Para La Voz de Xela este regalo nace desde la gratitud y el respeto por nuestra audiencia.

César Pérez Méndez 28 Enero 2026 17:35
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En La Voz de Xela creemos que el periodismo no es solo informar, sino construir comunidad. Desde nuestro nacimiento, este medio ha caminado junto a sus seguidores, escuchando, contando historias y acompañando el pulso diario de Quetzaltenango, la región y el país. Nada de eso sería posible sin nuestra audiencia.

Por eso, queremos explicar con total claridad por qué estamos regalando una moto. No se trata de una promoción comercial, ni de una campaña publicitaria encubierta. No hay patrocinadores, marcas ni compromisos de por medio. Es, simplemente, un acto de gratitud.

Un agradecimiento directo a quienes nos siguen, nos leen, nos escriben, nos critican con respeto y confían en nuestro trabajo. Este obsequio simboliza ese vínculo que hemos construido con la audiencia: cercano, transparente y honesto.

El proceso para elegir al ganador o ganadora será completamente aleatorio, sin intermediarios y con reglas claras. La única condición es cumplir correctamente con las bases de esta dinámica de gratitud, pensada para reconocer a nuestra comunidad.

Queremos que todo sea público y transparente. Por eso, los invitamos a seguir la transmisión en vivo el sábado 31 de enero a las 17:00 horas, donde mostraremos paso a paso la forma en que se realizará la elección del ganador o ganadora, cumpliendo las reglas establecidas.

Este gesto no nos hace más grandes como medio; nos hace más responsables. Reafirma nuestro compromiso de seguir siendo una voz independiente, cercana y al servicio de la gente.

Para La Voz de Xela este regalo nace desde la gratitud y el respeto por nuestra audiencia.


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


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¿Qué hace falta en tu clóset?

Carol Contreras 28 Septiembre 2026 16:00
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¡Muchísimas cosas!

Esa sería mi respuesta, como la de muchos por aquí. Parece que siempre necesitamos más de lo que tenemos, pero agradecemos muy poco en relación con lo que exigimos. El clóset puede estar lleno de prendas funcionales, piezas que amamos y otras que quizá solo ocupan un espacio. Por eso, antes de evaluar lo que hace falta, es importante hacer un recuento de lo que tenemos, el estado en el que se encuentran y, posterior a ello, se estima la lista de nuevas compras. ¿Qué detalles podemos observar en las prendas y accesorios? Te comparto algunos puntos durante esta revisión:

· Prendas en mal estado: haz una revisión completa de tus prendas de vestir y clasifica aquellas que pueden donarse, otras que pueden reciclarse (que suelen tener daños y deterioros) y, por último, las que se quedan para seguir usando.
· Accesorios deteriorados: revisa broches, desgaste en bolsas, cinturones, tacones, joyería que puede dañarse con la forma en la que se guarda o el tiempo de uso. Los accesorios son el complemento de tu imagen; cuida cada detalle.
· Identificar objetivos de imagen: ¿mi clóset actual representa quién soy? Identifica tu estilo y hacia dónde quieres potenciar tu imagen. Es más fácil entender las prendas que no te funcionan y aquellas que deben quedarse.
· Crear una lista de apoyo: al finalizar la revisión y guardar de nuevo tus prendas y accesorios, es importante hacer una lista con prendas y accesorios que deberán reponerse. Las compras no deben ser inmediatas, pero sí pueden ser estratégicas. Establece una lista de básicos que sean atemporales y te permitan mantener un clóset funcional para cumplir con tus objetivos diarios de imagen personal y profesional.

Un clóset funcional ayuda a tomar mejores decisiones, a ser más eficiente y se vuelve una herramienta para construir la versión de la persona que quieres proyectar. Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.


Carol Contreras

Coach de Imagen


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El arte de guardar silencio

Silvia Morales Paniagua 28 Septiembre 2026 09:00
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En más de una ocasión he reído al contar la anécdota del sapo que, anhelante de experimentar qué era volar, es ayudado por dos pájaros que, sujetando de su pico una rama, hacen que el sapo se sujete de la misma, lo que permite que se eleve en las alturas cumpliendo su anhelado deseo, sin antes advertirle que no abriera la boca por nada. Al encontrarse en las alturas, las personas que observaban con atención se preguntaban qué era aquello; unos decían: “¡Es un avión, es una nave espacial!”, a lo que el sapo, intrigado por tanta pregunta, sin titubear respondió: “¡Nooo, soy yo el sapoooo!”.

Esta fábula o chiste nos enseña que en muchas ocasiones hay razones obvias en las que no es bueno abrir la boca para emitir una opinión o juicio sobre algo; nos enseña el arte de guardar silencio.

Estoy segura de que en más de una oportunidad hemos dicho cosas de las que nos hemos arrepentido, porque, seguidamente de haber ocurrido, reflexionamos sobre la situación y entendemos que no era necesario decir, emitir un juicio o simplemente opinar acerca de ello.

La Biblia nos enseña que guardar silencio es un acto de sabiduría, reflexión y comunión con Dios. Guardar silencio no solo implica abstenerse de hablar, sino crear un espacio de reflexión y quietud; no estoy diciendo con esto que no podamos tener una opinión o criterio acerca de algo, sino que, antes de emitir una respuesta, esta sea filtrada, porque en muchas oportunidades el no decir nada resulta ser la respuesta más acertada.

Así es que, si vas por el tráfico y una persona malhumorada te grita o insulta, tómate unos segundos para guardar silencio y reflexiona: que no eres lo que la persona dice que eres, que eres próspera porque, de no tener un carro, no estarías en esa situación, y agradece por ser bendecido. Al terminar de reflexionar, estoy casi segura de que el silencio será la mejor respuesta.

Te dejo este pasaje bíblico, Proverbios 17:28, para que reflexiones y recuerda: “El silencio nos permite regresar a lo esencial de las cosas”.

En la vida todo tiene sentido.


Silvia Morales Paniagua

Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.


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En la lógica de Dios los últimos son primeros

P. Orlando Pérez 26 Septiembre 2026 07:00
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“Que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad”. El profeta Isaías hace un llamado a volver a Dios (metanoia). Volver a Dios significa convertirnos a Dios, estar dispuestos a disciplinar un poco más nuestra vida para poder participar más plenamente y con ética ahí en donde estamos todos los días. Volver a Dios implica dejar el conformismo y esa pereza espiritual para asumir una actitud de conversión que me permita estar en un contacto más íntimo con Dios. Cada uno sabe qué necesita dejar de hacer para volver a Dios. Deje de pensar mal de los demás; deje el mal humor y la crítica destructiva. Para volver a Dios se necesita seguir los caminos y pensamientos de Dios: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos” (Is 55, 6-9).

“Porque para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia”. Parece que Pablo se encontraba preso en Éfeso, y ahí está experimentando un momento muy duro en su vida; posiblemente había estado a punto de morir en la cárcel o por alguna persecución. Lo cierto es que está pasando por situaciones duras, por lo que para él la muerte ya no es un problema. Miguel de Unamuno afirmaba: “Sin ti, Jesús, nacemos solamente para morir; contigo morimos para nacer, y así nos engendraste”. El sentido de la vida es que vivimos para Cristo y morimos para Él, pero para alcanzar esta meta hay que portarse bien en este mundo (Flp 1, 20-24.27).

En Mt 20, 1-16, Jesús cuenta una parábola que consiste en que un administrador sale a buscar trabajadores para su viña a todas horas, porque cualquier hora es buena para incorporarse a su viña, que es la Iglesia. A algunos Dios nos ha llamado desde el amanecer de la vida, es decir, desde muy jóvenes; a otros los ha llamado a media mañana, a otros a mediodía, a otros a media tarde o al caer la tarde. Algunas personas se convierten a Dios en su lecho de cama. Y a todos nos promete un denario, no importando si somos primeros o últimos. A todos Jesús nos promete la salvación.

Pero nunca faltan aquellos, tanto dentro como fuera de la Iglesia, que piensan que, como llevan ya tantos años siendo parte de un coro, de una hermandad, de un área de trabajo, merecen más que los demás. El hecho de tener muchos años de ser parte de X o Y institución no nos hace mejores. Los que habían llegado primero se molestan con los que llegaron de último.

Para Jesús, siempre los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos. Los “últimos” son los pobres, los marginados, los descartados de la sociedad. Y esto se ve muy claramente en el Evangelio: Jesús siempre puso su atención en las mujeres enfermas, en los paralíticos y en los niños. Ellos son los últimos para el mundo, pero son los primeros para Dios.

En sentido eclesial, casi todos somos parte de un ministerio en la Iglesia. Pero lo más importante no es la cantidad de años, meses, días u horas dedicadas a este trabajo o ministerio. Lo más importante es que todos trabajamos para Dios. Eliminemos la competencia. Lo más importante es que usted y yo agrademos a Dios con lo que hacemos.

Tanto el profeta Isaías como Jesús nos invitan a entrar a la lógica de Dios, al modo de pensar de Dios. La lógica de Dios es una lógica que no margina, que no excluye, que no compara y que no le cierra la puerta a nadie.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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Piensa en tu fin y deja de odiar

P. Orlando Pérez 19 Septiembre 2026 07:00
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En la actualidad hay muchos hombres y mujeres que cultivamos demasiado el odio, la cólera y el rencor. Razones humanas posiblemente existen muchas. Pero este tipo de sentimientos no nos conducen a nada. El rencor y el odio están en todas las esferas de la vida. Estas pasiones desordenadas tienen efectos negativos para quienes vivimos en sociedad. Son sentimientos negativos que se cultivan en el seno de los grupos, de las familias, las empresas y dentro de las comunidades cristianas.

Estos sentimientos son la causa de grandes destrozos y divisiones en el seno de la sociedad y de la Iglesia. Y hay que perdonar a los demás, no tanto porque lo merezcan, sino porque nosotros sí lo merecemos; merecemos tener paz interior: “Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. Perdona la ofensa a tu prójimo y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados” (Sir 27, 33-28, 9). Y agrega: “Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos”. En otras palabras, nos está diciendo que no vale la pena odiar a nadie, porque, al final, vamos a morir y tenemos que entregar cuentas de nuestros pecados. No tiene sentido odiar; sin embargo, muchos perdemos el tiempo en estar odiándonos los unos a los otros.

En el evangelio de Mt 18, 21-35, Pedro se acerca a Jesús y le pregunta: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Y luego de esta respuesta, Jesús compara el reino de Dios con un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. Le presentan al primero que le debía muchos millones, pero como no tenía con qué pagarle, este servidor le suplicó a su amo; y este, al ver su situación, tuvo lástima y le perdonó la deuda. Pero este servidor fue incapaz de perdonarle la deuda a uno de sus compañeros que le debía poco dinero. Al ver esta injusticia, el rey, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Al final, Jesús termina diciendo: “Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Piense por unos instantes en sus enemigos, piense en esas personas que le han hecho daño: familiares, vecinos, compañeros de trabajo. ¿Quiere continuar odiándolas? Recuerde que la vida es corta y, tarde o temprano, va a morir, y el Señor le pedirá cuentas de sus acciones. Y qué triste sería que hoy muriera odiando a quien le ha hecho daño. Es sano perdonar de corazón, no porque los enemigos lo merezcan; hay que perdonar porque yo sí merezco vivir en paz.

Los seres humanos somos muy duros de corazón para perdonar a los demás. Recordemos que somos hijos e hijas de un Dios misericordioso. “El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados” (Sal 102). Por lo tanto, pidamos a Dios la gracia del Espíritu Santo para adquirir la habilidad de perdonarnos y así poder perdonar a nuestros enemigos. Sólo el que tiene a Dios en su corazón es capaz de perdonar siempre.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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La clase política del país está paliando la crisis

Arnoldo Soch Tzul 24 Septiembre 2026 08:00
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Como es costumbre en nuestro país, y debido a que la clase política no está preparada o nunca ha estado del lado del pueblo al cual representa, siempre o casi siempre busca escabullirse en parches o maquillajes para solucionar los problemas económicos, sociales e incluso políticos de nuestro país. Por otro lado, no hay ciudadanía en el país; seguimos siendo el país más analfabeto de la región; por ende, somos presa fácil de la clase política, nos manipulan a su antojo y para beneficio económico de ellos.

En mi columna de opinión del 19 de marzo del presente año, ponía sobre la mesa la interrogante: “Subsidio o eliminación del IDP, ¿qué más beneficia a la población?”. Definitivamente, desde mi punto de vista, el subsidio nunca ha sido bueno para el ciudadano de a pie; la eliminación del IDP era y seguirá siendo la mejor opción, “coyunturalmente hablando”. Pasaron seis meses y los ilustres diputados nunca quisieron dar la mejor solución. En seis meses, aprobaron dos veces el famoso subsidio que, al final, el gobierno terminó desembolsando por la módica cantidad de más o menos 4 mil millones de quetzales. En ese sentido, los mal llamados padres de la patria son los responsables directos de la subida de la canasta básica y otros efectos colaterales por no asumir su responsabilidad y velar por la economía del pueblo.

En tan solo quince días, estos padres de la patria hicieron dos decretos relacionados con el tema del alza al combustible —Dto. 21-2026 y Dto. 22-2026—: el primero, el subsidio se aplicaba después de un precio tope; el segundo, aplicando exención del Impuesto al Valor Agregado —IVA— y del Impuesto a la Distribución de Petróleo Crudo y Combustibles Derivados del Petróleo —IDP—. Estimado lector, nos está saliendo carísimo, por cierto, el salario, comida, transporte, hospedaje y demás lujos del 99.9 % de diputados al Congreso de la República. Para escudarse, ahora dicen: el pueblo lo pidió, ahora el pueblo tendrá el Dto. 22-2026, exención —eliminación— temporal de los impuestos.

Lo lamentable es que, con todos los decretos que han “fabricado”, ninguna de estas leyes está afrontando el verdadero problema del país, es decir, sigue habiendo oligopolio y monopolio en la comercialización del combustible. Es decir, dentro de 90 días, volveremos a ver a los transportistas, autoridades indígenas, etc., pidiendo no sé qué cosa, porque ya probamos con subsidios, con eliminación de impuestos. Pregunto: diputados, ¿qué los detiene para reformar el Dto. 109-97, Ley de Comercialización de Hidrocarburos? Por enésima vez les recuerdo: la iniciativa 6755 está en el Congreso desde el 14 de abril de 2026; en ella se pretende reformar artículos de ese Dto. No es posible que sigamos dependiendo de los precios antojadizos de tres importadoras.

En el artículo 7 del Dto. 22-2026, relacionado con la supervisión y régimen de sanciones, la ley le está dando la potestad al MEM, DIACO y SAT para que ejerzan supervisión permanente en la aplicación de la exención a los precios de venta al consumidor final. Esto está en chino —coloquialmente hablando—; por el momento, ni el MEM ni la DIACO tienen personal calificado para supervisar PERMANENTEMENTE a más de 1500 gasolineras diseminadas en el país. El señor gobierno debe aprovechar esta coyuntura para contratar el personal para ambas instituciones y así cumplirle al pueblo, velando por su bienestar económico y social.

Respetado y honrado pueblo de Guatemala, no nos confundamos: el subsidio es lo mismo que la exención de impuestos. En el primer caso, el gobierno desembolsa; en el segundo caso, el gobierno deja de percibir dinero. En aras de la autoformación ciudadana, le invito a leer y analizar este interesante tema; hay mucha bibliografía al respecto.

LA LECTURA AMPLÍA NUESTRA CULTURA


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


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La angustia se convierte en una pesadilla

Esta sensación se conoce como estar emocionalmente sobrepasados, lo que genera sentimientos de que ya no podemos más.

Crysta Nowell 24 Septiembre 2026 08:44
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La angustia se define como un temor o sentimiento de ansiedad ante una causa, que genera síntomas como miedo, desesperación y tristeza. Hay momentos de la vida en donde los problemas parecen acumularse o no les encontramos salida. La mente se llena de ideas y de tensión para buscar posibles soluciones, pero estas parecen lejanas. Esa sensación se conoce como angustia.

Esta puede aparecer ante problemas, dificultades, rupturas, cambios inesperados o situaciones que nos generan incertidumbre. También puede desarrollarse luego de periodos largos de estrés o por haber pasado varias situaciones inciertas.

El efecto más común es que genera incapacidad para pensar con claridad, lo que dificulta encontrar soluciones, o no se ve un final cercano al problema que se está enfrentando. Esta sensación se conoce como estar emocionalmente sobrepasados, lo que genera sentimientos de que ya no podemos más, considerando que el problema es real, pero no se encuentran alternativas en ese momento e intensifica el estado emocional.

Considerando que la angustia puede ir en aumento, es importante concentrarse en respirar, detenerse, ordenar las ideas, pedir ayuda y apoyo para poder recuperar la sensación de control. Cuando se está atravesando un periodo de angustia, es importante no atravesarla solo y en silencio, sino buscar apoyo de las personas que nos puedan orientar. Esto permite que se le deje de estar dando vueltas al problema y nos orienten a cambiar la perspectiva del problema y buscar una solución.

Buscar ayuda profesional cuando la angustia es especialmente importante y se vuelve constante y progresiva. Sentir que no se encuentra una salida o que el final de la situación nunca va a llegar no significa que eso vaya a suceder, solamente significa que estamos demasiado abrumados y preocupados en ese momento.

La angustia puede hacer que una puerta parezca cerrada, pero no significa que lo esté. Pedir ayuda, detenerse y buscar alternativas es el comienzo para volver a encontrar el camino a las respuestas y, sobre todo, comprender que no será de inmediato, pero sí habrá una luz al final del camino.


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


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OpiniónPsicología

Todo obra para bien

Hay frases que escuchamos tantas veces que podemos terminar repitiéndolas sin detenernos a pensar en su verdadero significado. “Todo obra para bien” es una de ellas.

César Pérez Méndez 23 Septiembre 2026 17:45
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Hay frases que escuchamos tantas veces que podemos terminar repitiéndolas sin detenernos a pensar en su verdadero significado. “Todo obra para bien” es una de ellas. La he visto en pulseras, libros, leyendas, apuntes y reflexiones de personas que han profundizado un poco más en la Palabra de Dios.

Pero hay una precisión importante: aunque algunas veces se presenta como una frase hebrea, su fundamento bíblico está en el Nuevo Testamento, específicamente en Romanos 8:28, donde Pablo escribe: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

La expresión original está en griego. El verbo synergei transmite la idea de “trabajar juntamente”, “cooperar” o “contribuir”. Esto cambia profundamente la manera de entender la frase.

Porque no significa que todo lo que nos sucede sea bueno.

Cuando alguien está prosperando, tiene salud, alcanza una meta o vive una etapa feliz, resulta sencillo decir: “Todo obra para bien”. Pero ¿qué ocurre cuando perdemos a un ser querido? ¿Cuando llega una enfermedad? ¿Cuando perdemos un negocio, enfrentamos una decepción o atravesamos una etapa que no entendemos?

Decir que aquello es “bueno” sería minimizar el dolor. La Biblia no dice eso.

Lo que Pablo plantea es algo mucho más profundo: Dios puede hacer que incluso aquello que no es bueno, aquello que duele y que no comprendemos, termine cooperando para un propósito mayor.

Por eso, “todo obra para bien” no es una frase para negar el sufrimiento. Es una declaración de fe en medio del sufrimiento.

Tal vez hoy no comprendamos lo que estamos viviendo. Tal vez no veamos el propósito. Pero la fe nos invita a confiar en que Dios sigue obrando, incluso cuando nosotros todavía no podemos verlo.

Porque no todo lo que ocurre es bueno. Pero Dios puede obrar para bien aun en medio de todo lo que ocurre.


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


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OpiniónLa Biblia

La ejecución no mejora cambiando funcionarios

Cuando la ejecución presupuestaria de los Consejos Departamentales de Desarrollo es baja, suele buscarse responsables y sustituir funcionarios.

Vilma del Rosario Xicará 23 Septiembre 2026 10:50
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Cuando la ejecución presupuestaria de los Consejos Departamentales de Desarrollo es baja, suele buscarse responsables y sustituir funcionarios. Sin embargo, cambiar autoridades no elimina la burocracia y, en algunos casos, puede generar nuevos retrasos.

Los proyectos financiados mediante los CODEDES recorren una cadena en la que participan municipalidades, SEGEPLAN, la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia, el Ministerio de Finanzas Públicas y otras entidades encargadas de emitir avales y dictámenes; por ello, la ejecución depende, en buena medida, de una adecuada coordinación interinstitucional.

Cada cambio administrativo implica una transición; los nuevos funcionarios deben conocer expedientes, proyectos pendientes, procedimientos y equipos de trabajo. Además, determinados relevos requieren registros de firmas, actualización de datos y responsables ante distintas instituciones. Estos son procedimientos necesarios para garantizar legalidad y control, pero consumen tiempo mientras el ejercicio presupuestario continúa avanzando.

Esto no significa que los funcionarios no deban ser sustituidos cuando corresponda; significa que cambiar personas, por sí solo, no constituye una política para mejorar la ejecución; el verdadero desafío está en mejorar la calidad de los expedientes, reducir tiempos, fortalecer la capacidad técnica y coordinar eficientemente a las instituciones.

Incluso las presiones políticas por acelerar la ejecución deben analizarse con prudencia, pues la rapidez no puede anteponerse al cumplimiento de controles ni convertirse en argumento para favorecer proyectos por otro tipo de interés; agilizar debe significar eliminar retrasos innecesarios, no debilitar la transparencia.

La normativa aprobada en 2026, que estableció plazos para determinadas observaciones vinculadas con avales, evidencia que el Estado reconoce la necesidad de mejorar los procedimientos, pero se debe estar consciente de que Guatemala necesita ejecutar mejor, pero también ejecutar bien. Los constantes relevos pueden reiniciar curvas de aprendizaje y consumir algo que ningún presupuesto recupera fácilmente: tiempo para convertir los recursos públicos en desarrollo.


Vilma del Rosario Xicará

Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.


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OpiniónConsejos Departamentales de Desarrollo

Liderar no es tener siempre la razón

La autoridad puede imponer silencio. El liderazgo, en cambio, construye confianza.

Luis Felipe Polo 22 Septiembre 2026 10:13
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Algunos confunden liderazgo con autoridad. Pensamos que lidera quien ocupa el cargo más importante, toma la decisión final o tiene la última palabra. Pero tener autoridad y ejercer liderazgo no son necesariamente la misma cosa. Un cargo puede otorgarnos poder para decidir. No puede garantizarnos la confianza de los demás. El verdadero liderazgo se pone a prueba precisamente cuando alguien piensa diferente. Es fácil escuchar cuando estamos de acuerdo. Lo difícil comienza cuando una persona cuestiona una decisión, propone otro camino o simplemente nos dice algo que no queremos escuchar.

Podemos utilizar nuestra autoridad para cerrar la conversación o nuestro liderazgo para abrirla. Cuando una pregunta es interpretada como desafío, una discrepancia como deslealtad o una crítica como amenaza, las personas aprenden rápidamente a guardar silencio. Y una organización donde todos callan puede parecer ordenada, pero difícilmente será una organización sana.

Paradójicamente, quien necesita silenciar a los demás para reafirmar su autoridad no demuestra fortaleza. Muchas veces demuestra exactamente lo contrario. El liderazgo seguro no teme a las preguntas ni necesita rodearse de personas que siempre digan que sí, porque quien confía en su capacidad para liderar puede escuchar una opinión contraria sin sentirse amenazado por ella. 

Necesitamos líderes con convicciones, pero también con la seguridad suficiente para escuchar, preguntar, reconocer errores y aceptar que alguien más puede tener razón. Reconocer una buena idea ajena no disminuye a quien lidera; lo engrandece. La confianza se construye precisamente allí: cuando podemos disentir sin convertir al otro en adversario.

Porque liderar no consiste en conseguir que nadie nos contradiga. La autoridad puede imponer silencio. El liderazgo, en cambio, construye confianza. Porque no todo aquel que tiene autoridad sabe liderar. Y no todo verdadero líder necesita imponer su autoridad. 


 


Luis Felipe Polo


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OpiniónLiderazgo