Aproveche las oportunidades que le da la vida
Nunca es tarde para comenzar de nuevo. Se puede comenzar de nuevo todos los días. Hay situaciones complejas en la vida que nos impiden o nos obstaculizan el caminar con libertad hacia las metas o sueños propuestos. Por ejemplo, alguien comienza una carrera y la deja a medias, porque se le presentaron situaciones que no estaban en su agenda. Una pareja se casa hoy, y mañana tiene un montón de problemas; lamentablemente muchos se separan, porque no logran hacer clic en su relación.
Lo mismo sucede en el área de los negocios. Hoy se puede iniciar un negocio, pero en la ejecución de éste, se van descubriendo debilidades, las cuales hay que convertirlas en oportunidades. Pero nunca hay que darse por vencido. Los altibajos en los negocios son normales, y sólo quienes los logran convertir en oportunidades alcanzan las metas propuestas al principio.
Lo mismos sucede a nivel personal. Todos los días son diferentes, y diferentes son las oportunidades de retomar aquello que se dejó de hacer hace cinco o diez años. Esta actitud es propia de hombres y mujeres emprendedores. Quien no tiene el valor de correr los riesgos que implica sacrificarse y desvelarse por alcanzar las metas, jamás descubrirá que es águila y puede volar.
Hay un texto bíblico en el que Jesús menciona la palabra oportunidades. Una vez Jesús estuvo cerca de Jerusalén y contempló la ciudad, lloró por ella y dijo: ya vendrán días en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te atacarán por todas partes y arrasarán. Matarán a todos tus habitantes y no dejarán piedra sobre, porque no aprovechaste la OPORTUNIDAD que Dios te daba, (Lc 19, 41-44). Este pueblo tuvo la oportunidad de arrepentirse y convertirse, pero no lo hizo.
Las oportunidades llegan todos los días. Las oportunidades son circunstancias favorables que se presentan en algunos momentos de la vida. Cuando llegan, llegan. Y hay que tomarlas, porque muchas veces, ya nunca regresan.
Reflexione sobre las oportunidades que tiene, por ejemplo, de elegir una buena pareja, de elegir una carrera, de elegir cambiar de trabajo. Hablemos también de las circunstancias favorables que tiene de hacer cambios en su vida espiritual y emocional. Las tenemos en las manos, pero en algunas ocasiones no las vemos; y cuando reaccionamos, ya no existen.
Revise sus oportunidades académicas, laborales, familiares, espirituales y psicológicas. Hoy puede ser el mejor día para tomar esa oportunidad que la vida le está dando. En algunos momentos, para tomar algunas oportunidades que la vida nos da se requiere una buena dosis de humildad. Hay que de dejar el orgullo a un lado, y aprovechar las circunstancias presentes a su favor. Además de dejar el orgullo, es clave dejar a un lado el miedo a correr riesgos, a tener una mente positiva y optimista, y a tener fe en usted mismo, en usted misma.
Me pongo de ejemplo: yo un día, estando en el parque central de Huehuetenango, pasó un primo (Daniel), para quien deseo lo mejor en la vida, y me invitó para ir a estudiar al Colegio Seminario San José, en Sololá. En ese mismo momento me presentó con el párroco de la Catedral de esta ciudad, asumí los riesgos que implicaba viajar y vivir solo, e irme a un lugar desconocido. Tomé la oportunidad, y ahora soy lo que soy, gracias a esa oportunidad que la vida me dio, y la aproveché. La vida y Dios dan oportunidades. No las deje ir.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Otro año escolar que se va
Quizá le son familiares las siguientes frases: “Otro año ya se ha ido, cuántas cosas han pasado, algo hemos aprendido, algo hemos olvidado”. Seguramente dirá que es la introducción de una canción muy popular; está en lo correcto, aplica muy bien a la reflexión que quiero realizar.
Estamos en el declive de un ciclo escolar. Muchos han culminado, otros están por terminar; por lo que es conveniente evaluar y enmendar. Es otro año que se va en el que han transcurrido muchas cosas que deben mejorar para ir un paso hacia adelante en términos educativos. Guatemala lo necesita.
No es desconocido para todos que la educación en nuestro país ha ido en declive. La calidad de los estudiantes no es la misma que la de los estudiantes de hace una década, lo que es preocupante. Por supuesto que, desde el ángulo o perspectiva en que se evalúe, las opiniones pueden variar y ser completamente diferentes. Muchos responsabilizarán a los maestros diciendo: “Ya no hay buenos maestros que dominen contenidos, que sean ejemplo para los estudiantes, maestros con temple y carácter”. Otros dirán: “Es responsabilidad de los padres que en muchas ocasiones están ausentes, llevan a sus hijos para que los maestros realicen el trabajo que corresponde hacer en el núcleo familiar, la construcción de valores y la emisión de sanciones para corregir conductas que en muchos casos son el reflejo de lo que se vive en casa”. Alguien más opinará: “Es responsabilidad de la escuela que se torna aburrida, sin motivación alguna; es mucho más atractiva la tecnología que mucho facilita, a un clic resuelve la vida, privilegiado aquel que la sabe manejar porque sin tanto trabajo y esfuerzo todo es resuelto”. No faltará la opinión: “Son los estudiantes faltos de interés, irresponsables, irrespetuosos hacia las autoridades, no digamos a las reglas y normas”.
Sin buscar responsables, lo importante es corregir y aplicar viejas o nuevas estrategias cimentadas en valores para que la calidad educativa se fortalezca, sin olvidar que este trabajo es de todos. Es necesario, preciso e imperante aplicar valores familiares, éticos, morales, religiosos y sociales que se reflejen en acciones, en el papel que nos corresponda, como autoridades, como padres, como maestros, como estudiantes.
“Quizá la cura para una educación decrépita sea ejercitarnos en el temor a Dios”. Recuerde: en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
El autocuidado es prevención
Hace poco más de dos años, durante un chequeo de rutina en casa, descubrí unas bolitas en mis senos. Recuerdo que lo primero que sentí fue miedo. Revisé nuevamente y me provocaba un poco de dolor; mi mente comenzó a imaginar muchas cosas, la incertidumbre se apoderó de mí. Ese mismo día llamé a mi ginecólogo y realicé una cita. Después de realizarme los estudios correspondientes, el diagnóstico fue fibroadenomas, pequeños tumores benignos de la mama, bastante comunes en nosotras, las mujeres. Sentí tranquilidad y mis pensamientos negativos se dispersaron de inmediato. Comprendí algo que hoy quiero compartir: no debemos esperar a que algo duela, alarme o inquiete para prestar atención a nuestra salud. Es importante conocer nuestro cuerpo, atender los cambios que presenta y buscar respuestas a tiempo. La detección temprana puede hacer una diferencia importante en el diagnóstico y tratamiento para la salud.
En este Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, quiero invitarte a realizar una pausa y preguntarte: ¿cuándo fue la última vez que priorizaste tu salud?
Programa tus chequeos, conoce tu cuerpo y consulta con un profesional de la salud ante cualquier cambio.
El autocuidado va más allá del arreglo personal, elegir prendas de vestir o encontrar un momento para descansar; el autocuidado es también tomar la decisión de proteger tu salud, tu bienestar.
Las revisiones recomendadas pueden variar según la edad, antecedentes familiares y factores de riesgo. No esperes a tener miedo para cuidar de ti; tu salud merece estar entre tus prioridades. Si tú estás bien, tu familia también. Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
El derecho a equivocarnos
Algunos tienen consecuencias que debemos asumir. Se trata de tener la honestidad de reconocerlos y, sobre todo, la voluntad de corregirlos.
Con los años he aprendido que una de las cosas más difíciles para las personas es reconocer que nos hemos equivocado. No importa cuánto hayamos estudiado, qué responsabilidades tengamos o cuánta experiencia hayamos acumulado. A veces, decir simplemente “me equivoqué” nos cuesta más que el propio error. En mi vida personal y profesional he tomado decisiones que, vistas con el tiempo, seguramente habría hecho de otra manera. También he conocido personas extraordinarias que no tenían dificultad en reconocer sus errores, mientras otras, con mucha preparación y experiencia, encontraban mil razones para justificar los suyos.
Creo que buena parte del problema está en cómo aprendimos a entender los errores. Desde pequeños nos enseñaron que equivocarnos era algo malo, que debíamos tener siempre la respuesta correcta. Y así fuimos creciendo con la idea de que admitir una equivocación podía hacernos perder el respeto de los demás. Pero la vida nos demuestra algo diferente. He visto cómo una disculpa sincera puede recuperar una amistad, cómo reconocer una decisión equivocada puede mejorar el ambiente de trabajo y cómo escuchar una opinión distinta puede ayudarnos a encontrar soluciones que antes no habíamos considerado.
No se trata de justificar nuestros errores ni de restarles importancia. Algunos tienen consecuencias que debemos asumir. Se trata de tener la honestidad de reconocerlos y, sobre todo, la voluntad de corregirlos. Quizás deberíamos enseñar más a nuestros hijos y a quienes nos rodean que equivocarse no es el fin de nada, y que pedir disculpas, cambiar de opinión o comenzar de nuevo también son formas de crecer. Después de todo, nadie tiene todas las respuestas. Tengamos siempre presente que, si algo también nos enseña la vida, es que nunca dejamos de aprender, especialmente de aquello que no hicimos bien.
Luis Felipe Polo
OpiniónReflexión
El uso ético de la inteligencia artificial
La tecnología debe estar al servicio de las personas, no convertirse en una herramienta para perjudicarlas.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a trabajar más rápido, analizar información y encontrar soluciones. Sin embargo, cuanto mayor es su capacidad, mayor debe ser nuestra responsabilidad al utilizarla. Para empresarios y profesionales, la pregunta no debería ser solamente ¿qué puede hacer la IA por mi empresa?, sino también ¿qué debería permitirle hacer?
El primer principio es no causar daño. No debemos utilizar la IA para engañar clientes, manipular información, discriminar personas, fabricar noticias falsas o vulnerar la privacidad. La tecnología debe estar al servicio de las personas, no convertirse en una herramienta para perjudicarlas.
Proverbios 11:3 enseña: “La integridad de los rectos los encaminará”. La honestidad debe mantenerse incluso cuando una herramienta tecnológica nos permita actuar rápidamente o permanecer en el anonimato.
El segundo principio es verificar antes de confiar. Una respuesta generada por IA puede contener errores. Por eso, quien firma, publica o toma una decisión sigue siendo responsable de revisar la información.
La Biblia nos recuerda: “El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos” (Proverbios 14:15).
Finalmente, debemos preguntarnos si nuestro uso de la IA beneficia realmente a las personas. “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”(Lucas 6:31).
La inteligencia artificial puede aumentar nuestra productividad, pero la ética debe dirigir su poder. Usarla bien no significa aprovechar todo lo que puede hacer, sino utilizarla para hacer lo correcto.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónInteligencia Artificial
A una fiesta se asiste con traje de fiesta
El profeta Isaías habla de que el Señor, en aquel día, preparará un festín, una fiesta con platillos suculentos para todos los pueblos. Una fiesta en donde habrá vinos exquisitos y manjares. Les quitará el velo que les cubre el rostro para que puedan ver bien. Y ese día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara”. Y hay que alegrarse por la salvación que nos trae (Is 25, 6-10). Esta fiesta que prepara el Señor es para todos. Todos estamos llamados a la salvación. Dios quiere salvarnos a todos. Pero no nos obliga. Dios da oportunidades para que mejoremos nuestra vida, para hacer esos cambios que haya que hacer, para arrepentirnos, para disciplinar un poco más nuestra vida cristiana. Pero esto ya depende de cada uno. Si alguien no quiere, Dios respeta esa decisión de cada uno. Ojalá estemos dispuestos a hacer cambios integrales en nuestra propia vida para que, cuando el Señor venga, me encuentre listo y yo pueda participar plenamente de la vida eterna.
“Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza”. Sin embargo, agradece el apoyo que le dieron por medio de Epafrodito cuando él estuvo preso, posiblemente en Éfeso. Y le pide a Dios que también satisfaga o cubra las necesidades de la comunidad (Flp 4, 12-14. 19-20). Todo tiene su tiempo. Hay un tiempo en el que uno no tiene casi nada y hay tiempos en los que uno tiene para comprarse al gustito. Y todo esto hay que agradecerle a Dios. Pero ya sea que vivamos en pobreza o en la riqueza, nunca nos olvidemos de los pobres, de los que no tienen nada para vivir.
En Mt 22, 1-14, Jesús cuenta la parábola de un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Y mandó a sus criados para que llamaran a los invitados, pero estos no quisieron ir. El rey manda a otros criados para que los inviten, pero uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás insultaron y mataron a los criados. Entonces, el rey se molesta y los manda a matar y a prenderle fuego a la ciudad. Pero como la fiesta ya estaba lista, entonces manda a sus criados para que salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren. Y encontraron a buenos y malos, pero todos fueron invitados.
El único requisito era ir con “traje de fiesta”. Cuando ya todos estaban en la fiesta, el rey se da cuenta de que hay un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y da la orden para que lo saquen de la fiesta. Ahora bien, cada uno ha recibido esa invitación para asistir a la boda. Pero para poder participar en este banquete de bodas, se me pide el traje de la justicia, de la fortaleza, de la templanza y de la fortaleza. Se me pide asistir con el traje de la fe, esperanza y caridad. En una palabra, el requisito para poder disfrutar de esta fiesta es llegar con el traje de la conversión de vida.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Velocidad de la luz: una constante que determina la realidad (2 de 2)
Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.
Cuando observo la luz, veo mucho más que fotones, longitudes de onda y velocidades. Veo una realidad de la que depende nuestra vida, una naturaleza cuyas leyes podemos descubrir, pero que no hemos creado nosotros.
La Biblia comienza con una declaración grandiosa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Poco después encontramos estas palabras: “Sea la luz” (Génesis 1:3).
No confundo el relato bíblico con una explicación de la física moderna. Lo interpreto desde una perspectiva espiritual: la luz, desde las primeras páginas de la Escritura, representa una expresión del orden y de la obra creadora de Dios.
¿Significa que ya comprendemos todos sus misterios? Por supuesto que no. Cada respuesta científica abre nuevas preguntas. Cada descubrimiento nos permite conocer algo más, pero también nos recuerda cuánto queda por descubrir.
Mi convicción es firme: Dios es el Gran Creador de todo lo que existe y el fundamento del orden del universo.
No necesito enfrentar a Dios con la ciencia para defender mi fe. Tampoco necesito renunciar a la razón para creer. Puedo estudiar, preguntar, contrastar evidencias y reconocer los límites de nuestro conocimiento sin abandonar mi confianza en el Creador.
Quizá nunca lleguemos a comprender todos los secretos del universo. Sin embargo, tenemos la extraordinaria capacidad de investigar, descubrir y maravillarnos.
Cada vez que pienso en la luz, en sus propiedades y en su papel esencial para la vida, reafirmo una convicción personal: detrás de la inmensidad del universo encuentro razones para creer en una inteligencia creadora superior a nosotros: Dios.
La ciencia me ayuda a comprender la grandeza del universo. Mi fe me lleva a reconocer en esa grandeza la obra de su Creador.
Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónVelocidad de la Luz
Nuestras calles bañadas de lluvia…
Estos problemas también son responsabilidad de los habitantes, quienes necesitan comprometerse con su territorio.
En las columnas anteriores, se discutió sobre los diferentes problemas que tiene la ciudad, entre los accesos, el crecimiento desmedido, los servicios básicos insuficientes, los problemas de tráfico, la falta de movilidad con calles inaccesibles para transitar y, como si fuera poco, ahora nos encontramos con la lluvia que viene a intensificar los problemas.
Las recientes lluvias han provocado inundaciones, hundimientos y colapsos de drenajes en varios puntos del municipio.
Cuando una ciudad no tiene planes de crecimiento ni un estudio urbanístico, sin ordenamiento territorial, mucho menos un estudio ambiental, se enfrenta a un caos. Como el vivido recientemente, con calles anegadas, tragantes tapados y ríos de tierra y basura.
Las soluciones no están a la vuelta de la esquina, no son mágicas. Se necesita de personas comprometidas con la comunidad que busquen medidas de mitigación para mejorar la calidad de vida, para que las personas vivan con dignidad. Se necesitan autoridades que tengan visión de futuro, que cuenten con especialistas para buscar soluciones, que se comprometan con los ciudadanos.
Estos problemas también son responsabilidad de los habitantes, quienes necesitan comprometerse con su territorio, cambiar los malos hábitos, como tirar basura en la calle, mantener limpio su espacio, ser comprometidos con nosotros mismos; no somos solidarios, no pensamos en los demás, en cómo afecta lo que hacemos o dejamos de hacer.
En un artículo de la CONRED dice: "No es la lluvia, es la basura".
La basura obstruye los sistemas de drenaje, eleva de manera crítica el riesgo de inundaciones durante la época de lluvias y genera graves focos de contaminación e infección en las comunidades.
Hagamos conciencia y exijamos a las autoridades que hagan el trabajo para el que fueron electos y nosotros, los ciudadanos, realicemos el compromiso con nuestro municipio: no tirar basura en la calle.
Claudia Yomara Mazariegos Soto
OpiniónQuetzaltenango
Profesionales explotados: profesionales frustrados
Cuando el trabajo deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en una fuente de desgaste emocional y frustración profesional, se deteriora la calidad de vida.
La necesidad de trabajar se ha convertido en un problema para los profesionales que, por necesidad, soportan cualquier situación. Los profesionales son personas que se preparan, tienen talento, han desarrollado experiencia y cuentan con formación académica para crecer y tener mejores oportunidades laborales. Sin embargo, las jornadas excesivas, las responsabilidades que no son acordes con el puesto, la remuneración y el tiempo, la falta de motivación, las jornadas largas y otros factores pueden provocar que el profesional empiece a desgastarse emocionalmente. Esto es explotación laboral.
El trabajo no es solo una fuente de ingresos; es un espacio para desarrollarse profesionalmente, ser reconocido, tener sentido de pertenencia y alcanzar la realización profesional. La frustración se genera cuando se entrega demasiado y no se recompensa debidamente, lo que crea un sentimiento de injusticia.
Los profesionales que viven esta situación experimentan agotamiento emocional, falta de energía y entusiasmo. Sienten que se esfuerzan de más, que nunca es suficiente y empiezan a presentar problemas para dormir, falta de concentración y conflictos en su vida personal, hasta que, con el tiempo, comienzan a manifestarse signos de burnout.
Este problema se presenta en aquellas entidades que normalizan el sacrificio de sus trabajadores, confunden la responsabilidad y el compromiso con la obligación y el sacrificio que sobrepasan los límites humanos. La situación se complica cuando se desmerita el trabajo y al profesional. En concreto, se presentan situaciones como horarios extensos, funciones que no corresponden al puesto, sobrecarga de tareas y funciones, recursos limitados, poco contacto con los altos mandos de la empresa, maltrato e incumplimiento de los derechos laborales. Esto se conoce como explotación laboral.
Las empresas también deben comprender que exigir más sin ofrecer condiciones adecuadas no garantiza mejores resultados, ya que un trabajador agotado puede cometer más errores, perder la iniciativa y, como consecuencia, desvincularse de sus responsabilidades.
Ningún título universitario obliga a una persona a sacrificar su salud mental para demostrar su valor. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en una fuente de desgaste emocional y frustración profesional, se deteriora la calidad de vida de quienes trabajan en estas entidades y, como consecuencia, disminuyen su efectividad y productividad.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
Capturan en Retalhuleu a hombre requerido por extorsión a transportes
El detenido era requerido por un juzgado de Quetzaltenango desde 2021.
Un hombre de 59 años fue capturado por el delito de extorsión durante un operativo de seguridad e identificación realizado por agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) en la zona 1 de Retalhuleu.
El detenido, identificado como Miguel “N”, se presentó como pastor evangélico y tenía una orden de captura emitida por un juzgado de Quetzaltenango el 21 de abril de 2021, según información policial.
La investigación está relacionada con depósitos recibidos en una cuenta bancaria que, de acuerdo con las pesquisas, estarían vinculados con extorsiones contra una empresa de transporte extraurbano.
Durante un operativo en Retalhuleu policías dieron cumplimiento a una orden de captura para Miguel “N”, de 59 años, por el delito de extorsión. La captura es en seguimiento a una investigación de depósitos recibidos en su cuenta bancaria, producto de extorsiones. https://t.co/fizD6rj8jq
— PNC de Guatemala (@PNCdeGuatemala) October 14, 2026
Los agentes de la Comisaría 34 hicieron efectiva la orden judicial durante el operativo. El señalado quedó a disposición de las autoridades correspondientes para solventar su situación legal.
Las investigaciones continúan para establecer las circunstancias del caso y determinar las posibles responsabilidades.
La Voz de Xela
PNCExtorsiónRetalhuleu
















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